covid19, servicios sociales, Trabajo Social

Esta no es una última entrada sobre 2021…

Beteta (Cuenca)
Beteta (Cuenca)

Acababa 2020 y mientras todo el mundo se afanaba en poner todas sus expectativas sobre el 2021, yo me entretenía haciendo un repaso social al que sin duda había sido el año más atípico y extravagante de los últimos cien años.

2020 nos había cambiado para siempre, y bien merecía la pena tomarse un tiempo para reflexionar sobre todo lo acontecido en esos doce meses.

Llevo semanas dándole vueltas a esa última entrada sobre 2021. Pero reconozco que me da una pereza tremenda.

A estas alturas, diría que el 2021 ha sido un abrir y cerrar de ojos y agradezco que haya llegado a su fin. Estos últimos meses se me han hecho especialmente cuesta arriba en un plano más personal, y quizás sea por eso que estoy deseando con todas mis fuerzas finiquitar este maldito 2021.

Siento decirlo, pero este 2021 ha sido aún más puñetero que su predecesor.

Hace un año confiábamos que todo cambiaría con la entrada de año; que la llegada de las vacunas a nuestro país supondría una vuelta a la normalidad. El principio del fin de esta pesadilla. Pero no ha sido así. En otra vuelta de tuerca, acabamos el año con una nueva variante que nos recuerda los meses de incertidumbre, de pérdidas y de desánimo.

«Que acabe ya el 2020», decíamos hace un año. Y Enero nos trajo nuevas restricciones, una nevada bloqueando el país y dejando aislados en su propia casa a miles de familias, de personas mayores y personas con dependencia.

A falta de macroconciertos, los estadios se reconvirtieron en vacunódromos. Nos volvimos expertos en vacunas. Asistimos a la erupción de un volcán que ha destrozado miles de hogares. Nuevas variantes, nuevas restricciones.

El Trabajo Social fue esencial durante 2020. Cuando en 2021 se comenzó a vacunar a los profesionales esenciales; dejamos de serlo.

Violencia vicaria. Una terrible realidad que se hizo visible de la forma más cruel en junio.

Samuel moría en la calle por un delito de odio. Un delito homófobo.

El Ingreso Mínimo Vital… El ingreso mínimo vital continúa siendo la gran decepción.

Miles de familias continúan esperando una resolución. Una renta que asegure una mínima cobertura de sus necesidades más básicas. Pero el sistema sigue atascado.

Por fin se habla de salud mental en nuestro país. Por primera vez, se visibilizan las muertes por suicidio.

Pobreza energética, fondos netx generation, incidencia acumulada, despoblación, AstraZeneca, inmunidad de rebaño, PCR, exclusión, antígenos, esperanza.

Palabras que hemos repetido y oído hasta la saciedad el último año y que no parece que vayamos a dejar de oírlas en el siguiente.

Llegar a 31 de Diciembre de 2021 ha sido realmente agotador. Un año de pérdidas, de sobrecargas, de cifras, de subidas y bajadas, de caídas y remontadas.

Un año de trabajo en el que el cuerpo ha llegado a resentirse en más de una ocasión. La cabeza se ha paralizado, y las situaciones graves a nivel social que me estaba encontrando, me han llegado a sobrepasar.

No ha sido fácil vivir este 2021. Pero por suerte, yo tengo el Trabajo Social.

Si hay una constante que este año me ha ayudado a mantenerme cuerda y no perder por completo la esperanza; esa ha sido mi profesión.

El 2021 me ha dado mucho Trabajo Social.

Un año de encuentros y reencuentros.

Un año intenso en el que he puesto a prueba mis aptitudes y recursos como profesional, pero también en el que he podido aprender, conocer y disfrutar haciendo Trabajo Social.

Hace poco escuchaba decir que las Trabajadoras Sociales somos las profesionales de la esperanza, y no puedo estar más de acuerdo con tal afirmación.

El logo del Colegio Oficial de Trabajo Social de Castilla-La Mancha refleja una paloma que se torna a su vez una mano abierta. Dos símbolos de nuestra profesión. La paloma como símbolo de esperanza, y la mano que siempre tiende la ayuda. La que en los momentos de mayor dificultad, te agarra para sacarte del hoyo.

Logo del Colegio Oficial de Trabajo Social de Castilla-La Mancha

Las trabajadoras sociales siempre estamos (y debemos estar) para las personas que no tienen voz, para los invisibles, los desahuciados, los excluidos. Para quien se pierde, para quien no sabe cómo continuar. Para quien dice: «ya no puedo más».

El Trabajo Social es la red de seguridad; que se quiebra y se deshilacha, pero qué hay continuar tejiendo y recomponiendo.

Por eso confío que el 2022 siga trayendo mucho Trabajo Social. Porque aunque nos vengan mal dadas; tendremos dónde aferrarnos. Podremos seguir trabajando y luchando por una sociedad más sana, igualitaria, justa, resiliente, y solidaria.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s