Trabajo Social

Las dificultades para acceder a tú dinero en el entorno rural.

En los últimos días todos los medios de comunicación se están haciendo eco de una recogida de firmas que ha iniciado Carlos San Juan de 78 años de edad en la web chance.org; en la que denuncia la exclusión que sufren actualmente las personas mayores por las entidades bancarias, al haber cambiado el modelo de asistencia personal directa a un nuevo modelo más digital e informatizado al que muchos mayores tienen serías dificultades para acceder.

Imagen de la campaña promovida por Carlos San Juan. CHANGE.ORG

El cierre de oficinas bancarias, la complejidad en el uso de los nuevos cajeros, y el trato impersonal, son algunas de las quejas que recoge en su denuncia pública y que los medios de comunicación han colocado en prime time; lo que ha favorecido que la petición esté a punto de alcanzar las 300.000 firmas.

Será la publicidad o será también que no sólo las personas mayores, sino también los más jóvenes hace años que venimos sufriendo estos cambios y está despersonalización; al tiempo que vemos cómo se nos cobran más intereses por el mantenimiento de nuestras cuentas e incluso por las gestiones que acabamos haciendo nosotros mismos.

Un sistema que no sólo supone un servicio totalmente despersonalizado, sino que genera una reducción drástica de profesionales en este sector.

«La banca siempre gana», una verdad como una casa que ya aprendimos de pequeños jugando al monopoly.

Me alegra que este tema se hable y que los medios contribuyan a denunciar la exclusión de las personas mayores; no sólo en la atención bancaria, sino en general, en el acceso a servicios básicos.

Pero este tema me ha llevado a reflexionar sobre la exclusión bancaria que sufren las personas que residen en los entornos rurales con altas tasas de despoblación.

Sirva de ejemplo mi propia zona de trabajo.

Trabajo en doce municipios cubriendo un área geográfica de alrededor de unos 137 km², con una población total aproximada de 2.400 habitantes.

Sólo hay entidad bancaria en 4 municipios, lo que supone que haya personas que tengan que desplazarse hasta 27 km para poder acceder a su dinero y realizar sus trámites.

Imagen de la campaña promovida por Carlos San Juan. CHANGE.ORG modificada por Carolina Jiménez.

Hasta hace unos años, una «ofibus» de una única entidad bancaria recorría esos pueblos solventando está problemática.

Cuando venía el «ofibus» era día de cobro. Todo el pueblo lo sabía. Los de dentro, y por supuesto los de fuera. Y si sólo tienes acceso una vez al mes a tu dinero, ¿qué haces? Pues eso; el día del «ofibus» era el día (o la noche) idónea para los robos.

En la actualidad este servicio prácticamente no existe, lo que supone dejar excluidas a cientos de familias de un servicio tan esencial como el acceso y la gestión de sus propios bienes.

Si bien, es de justicia destacar el trato que se dispensa en las pocas entidades que hay en el entorno rural. Un trato cercano y personalizado, donde los pocos profesionales que las regentan, ayudan en los trámites, conocen a sus clientes e incluso colaboran con los Servicios Sociales para solventar las dificultades de las familias de sus pueblos.

Aquí no está el problema en no entenderte con el cajero…no. No es eso. Aquí la dificultad está en conseguir llegar hasta ese cajero.

Hay familias que no cuentan con medios para realizar ese desplazamiento. No hablo sólo de personas mayores, sino también de personas y familias en las que ningún miembro tiene carnet de conducir, ni acceso a un vehículo.

En las ciudades, a veces nos enfadamos cuando el cajero de debajo de nuestra casa está «fuera de servicio» y tenemos que ir al de la esquina de la calle de al lado. O cuando la farmacia de guardia pilla cinco calles más allá de nuestro portal.

Pero hay quien para comprar una barra de pan, tiene que desplazarse 27 km para poder disponer de su dinero; tenga o no medio para hacerlo.

La gente de los pueblos al final acaba buscando soluciones por sí mismos ante estas dificultades; como con mucha otras cosas. Y he decir que está exclusión bancaria, acaba solventándose, en la mayoría de las ocasiones, gracias a la solidaridad y la buena vecindad (las redes informales de apoyo que nos gusta llamar a las Trabajadoras Sociales).

Pero una vez más, cabe denunciar que; la solidaridad no debe reemplazar al derecho de acceso a servicios básicos y esenciales en igualdad de condiciones, sin exclusión por razón de territorio.

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