ayuda a domicilio, dependencia, mayores, servicios sociales, Trabajo Social

Servicio de Ayuda a Domicilio

“Cuando el hombre le abrió la puerta de aquella vieja vivienda, el fuerte olor que se desprendía se dió de bruces contra su cara y, en un acto casi instintivo, dió un paso para atrás.
Pensó entonces en otros tiempos, que ahora se antojaban lejanos, y en aquellas visitas a domicilio en las que no llevaba mascarilla. Recordó por un instante  cómo los olores invadían su pituitaria y se llegaban a alojar en su bulbo olfatorio durante horas, permitiéndole tener su particular registro olfativo de personas atendidas a lo largo de sus años de trabajadora social.

Tras las orientaciones previas que le habían llegado sobre el caso, la situación sanitaria actual en ese municipio y las primeras impresiones en las entrevistas mantenidas en el despacho; en el mismo momento en que se abrió esa puerta se sintió orgullosa de si misma por haber tenido la suficiente anticipación para colocarse una mascarilla ffp2 cubierta por una mascarilla quirúrgica; lo cual, sin duda, aminoró el impacto olfativo.
Y aunque su instinto más primitivo de huida hubiera aflorado ante los fuertes olores que fluían de aquella vivienda; como un resorte, su propio cuerpo reaccionó oponiéndose a ello al tiempo que se esforzaba por dibujar una sonrisa a través de sus ojos acompañando aquel “buenos días, tal y como acordamos, vengo a conocer su casa para tramitarle el Servicio de Ayuda a Domicilio del que estuvimos hablando el último día. Puedo pasar?”.

Tan solo seis semanas después de la puesta en marcha del servicio de ayuda a domicilio, el cambio era realmente sorprendente.
La auxiliar había logrado eliminar el hedor de la vivienda.
Había conseguido desalojar la basura de botellas vacías, cartones y restos de comida  que se acumulaba en la despensa. La antigua cocina de butano, había recuperado su antiguo blanquecino color.
Ya no se te pegaban los pies al caminar por la casa, y los azulejos comenzaban a recuperar el color que algún día debieron tener.
También habían pintado las paredes de la planta inferior; eliminando así los restos en algunas de ellas de lo que me había reconocido eran salpicaduras de vómitos, sumados a los posos negros del humo de la estufa.
Tan sólo quedaba una habitación por desalojar, en la que se amontonaban un montón de ropas sobre un viejo camastro.
La higiene personal había mejorado notablemente, motivo que sin duda influía en aquel arrugado rostro que ahora la miraba devolviéndole la sonrisa de agradecimiento profundo.


En Castilla-La Mancha, según la Ley 14/2010, de 16 de Diciembre, de Servicios Sociales, el Servicio de Ayuda a Domicilio tiene por objeto atender las situaciones de dependencia ya sean laborales, económicas, educativas, sanitarias, personales y sociales, que dificulten que la persona o unidad familiar pueda desenvolverse con autonomía en su domicilio y entorno habitual, favoreciendo las condiciones necesarias que hagan posible la permanencia en su medio habitual de convivencia en condiciones adecuadas.

Para ello se proporcionará en el domicilio tanto atención personal, como a las necesidades de la vivienda, así como orientación para proporcionar estrategias que permitan a la persona y a la unidad familiar adquirir un mayor nivel de autonomía completando siempre la labor de la unidad familiar.

Después de tantos años de trabajo, puedo decir que el Servicio de Ayuda a Domicilio transforma realidades.

No todos los casos sobre los que se interviene son tan complicados como el relato con el que abro esta entrada.

En ocasiones el poder intervenir de forma preventiva, previene mayores deterioros y situaciones de higiene y limpieza tan desbordadas; e incluso situaciones de desprotección de menores.

Pero quién haya trabajado en Servicios Sociales de Atención Primaria, ha tenido que intervenir en al menos un caso como el que expongo arriba.

“Servicios de alto impacto” los bauticé yo.

Cuando ves trabajar a una Auxiliar de Ayuda a Domicilio en uno de estos servicios, es cuando realmente valoras el papel que juegan estas grandes profesionales en el ámbito social. Una labor a veces silenciosa, no siempre (por no decir nunca) reconocida, mal pagada, con condiciones (en ocasiones) precarias de trabajo, y un fuerte impacto a nivel emocional y físico.

A menudo me pregunto cuántas de nosotras y nosotros, valdríamos para ponernos los guantes y untar de crema de arriba a abajo a un señor de casi cien años, en puro pellejo, totalmente encamado; con absoluta paciencia, dedicación y empatía.

Cuántas y cuántos aguantaríamos toda la jornada laboral corriendo de una casa a otra, sin apenas tener tiempo de respirar: “sube escaleras, limpia el suelo, ahora dale a los azulejos que parece que salpicó ayer mientras meaba, baja la basura, baña a dos personas en situación de dependencia, vísteme, recoge el baño y pon la lavadora, baja escaleras, corriendo que llegas tarde a la farmacia a recoger medicinas, mejor me pasó ya por la carnicería, otro servicio con aseo personal, limpia el polvo, plancha, sube escaleras, que te vas cinco minutos antes, corre hacia la otra punta del pueblo al siguiente usuario, si ayer llegaste cinco minutos después, limpia el baño, haz la cama, prepara la comida, avisa al médico, hoy toca coordinación con la trabajadora social, revisa la medicación, paseo y acompañamiento, corre que llegas tarde otra vez, recuérdale que mañana tiene médico, cambia sábanas, limpia baño, haz la cama…”

Y aún me dejo otras 50 tareas más que pueden llegar a hacer en 8 horas laborables. Siempre corriendo, siempre dándolo todo.

Si alguien se merece un verdadero reconocimiento por su labor, su esfuerzo diario, su gran empatía y su capacidad de trabajo y adaptación; son las Auxiliares del Servicio de Ayuda a Domicilio.

En estos 15 años de experiencia como Trabajadora Social en Servicios Sociales de Atención Primaria en el entorno rural de Castilla-La Mancha; si he de sentirme afortunada por algo, es por haber tenido la oportunidad de trabajar al lado de grandes profesionales en la atención domiciliaria.

He de decir que yo a algunas les convalidaría unas cuantas carreras universitarias. A veces siento que bien podrían ser médicas, enfermeras, trabajadoras sociales, psicólogas, mediadoras familiares, o incluso atletas profesionales. Dudo mucho que sean conscientes de la cantidad de capacidades y aptitudes que tienen.

Así que desde mi punto de vista; las auxiliares del servicio de ayuda a domicilio se encuentran infravaloradas a nivel laboral y social y, por supuesto, perciben un salario muy por debajo del valor añadido que ofrecen con su trabajo.

Hay auxiliares que cuando las ves en plena faena, sientes que estás viendo una obra de arte.

Durante el confinamiento, fueron unas auténticas heroínas: “si sólo me ven a mí”, me decían.

Recuerdo las mañana más duras, cuando les mandaba un mensaje a todas ellas de buenos días y les recordaba que ellas eran el único nexo de unión entre el mundo exterior y las personas que estábamos atendiendo. “Os toca tranquilizarles y darles esperanzas”, les decía.

Recordamos al personal sanitario combatiendo el virus enfundados en bolsas de basura; pero las auxiliares tampoco tenían material los primeros días. Y aún así, siguieron atendiendo con la misma dedicación.

Si ya las admiraba antes; tras el Covid se ganaron mi devoción. Y realmente me entristece cuando hay familias que no ven todo lo que el servicio de ayuda a domicilio y la profesional del mismo, hacen y aportan a su familiar.

Son las que consiguen que las personas continúen viviendo en su entorno a pesar de la pérdida de autonomía. Las que les ofrecen una verdadera calidad de vida en la última etapa de su proyecto vital. Incluso son las que cogen sus manos en el último adiós.

De lo que más disfruto a día de hoy es de las supervisiones de apoyo que realizo con ellas.

Hace años que desde el equipo se decidió mantener reuniones de coordinación en las que se ofreciera una supervisión de apoyo con la auxiliar enfocada más a trabajar el impacto emocional, las dificultades que encontraban en el servicio, el refuerzo de sus potencialidades y la descarga emocional.

En el trabajo diario fluye de forma espontánea y en ocasiones no estructurada.

Se trata de facilitar un espacio en el que la profesional pueda expresar los sentimientos que le provocan las dificultades que encuentra en el servicio. Descargar y analizar sus emociones. Reflexionar sobre su propia intervención. Trabajar el duelo tras el fallecimiento de las personas atendidas.

Con el Covid se intensificaron este tipo de espacios. También he de decir que los he adaptado. Evito que sean en el despacho. Nunca en las viviendas. Siempre en un entorno de confidencialidad y comodidad.

Tener un espacio con ellas tras el fallecimiento de una o uno de los usuarios es básico. Nos ayuda a despedirnos de la persona en calma. Valorando todo lo positivo que se ha trabajado en el caso y analizando de cara a nuevas situaciones.

Se trata de aprender juntas, aunque reconozco que siempre me enseñan más ellas a mí.

Hay muchas cosas que aún se deben mejorar en el Servicio de Ayuda a Domicilio regional, pero mi interés aquí es visibilizar el gran trabajo que realizan sus profesionales.

Reclamar una regulación donde se adapten las características del servicio al territorio. Se equiparen condiciones laborales y se mejore la financiación para facilitar la cobertura de profesionales en aquellos municipios aislados y con poca población en los que las auxiliares tienen que venir desde otros pueblos cercanos; así como asegurando las sustituciones en períodos vacacionales.

Una mayor financiación pública aseguraría un Servicio de Calidad, que dé respuesta inmediata a las situaciones sociales que precisan dicha intervención, favoreciendo la permanencia en el entorno, fijando población y generando empleo estable en zonas despobladas.

He de decir que en Castilla-La Mancha y concretamente en la zona rural; la gran labor realizada por sus profesionales y la labor de difusión y universalización alcanzada gracias también al trabajo de los equipos de servicios sociales, ha conseguido que la población valore este como un servicio básico e imprescindible.

Si bien, aún queda mucho trabajo por hacer para conseguir que el servicio continúe siendo público, ágil, adecuado y accesible a todos los municipios y personas de la región.

Es responsabilidad tanto de las administraciones públicas como de las y los profesionales del trabajo social, continuar trabajando por ofrecer un servicio de calidad y universal desde el que poder revertir situaciones complejas a nivel social en el domicilio de la propia persona asegurando  su permanencia en el entorno y previniendo la institucionalización en centros residenciales de personas que, gracias a este tipo de servicios de proximidad, pueden continuar residiendo en su propio domicilio.

despoblación, empleo publico, oposiciones, servicios sociales, Trabajo Social

Una Trabajadora Social rural; ¿nace o se hace?

Hace 15 años que sonó el teléfono por primera vez.

Yo nunca quise ser Trabajadora Social de pueblos, por lo que al acabar la carrera me puse a buscar trabajo fuera de Castilla-La Mancha. Quería trabajar con menores, vivir fuera de casa y no quería por nada del mundo quedarme a trabajar en Servicios Sociales rurales. Lo tenía tan claro, que en la carrera nunca llegué a cursar la asignatura a la que todo el mundo se refería como “la más bonita”, y que se denominaba: “Servicios Sociales en el ámbito rural.”

Me presenté a las oposiciones por insistencia de mi madre. Esa es la única verdad. Ella insistía en mis posibilidades para aprobar y en la estabilidad que me daría ser funcionaria. Yo quería demostrarle que no era tan sencillo aprobar una oposición. Y mientras pasaba por ese proceso; continuaba presentándome a entrevistas de trabajo en las que por poco tenía que acabar poniendo dinero para acabar trabajando como “auxiliar de Trabajo Social”.

Por aquel entonces; compaginaba el temario de la oposición con un trabajo becado en un Punto de Encuentro Familiar, un trabajo a media jornada en un estudio sobre el absentismo escolar, y mi faceta de camarera en un bar de noche los fines de semana.

Tras pasar por la que sería mi primera oposición; sonó el teléfono y me propusieron dos zonas de trabajo. Confieso que tuve que buscarlas en el mapa, algo que no resulta tan raro para quien se inicia en este trabajo en zona rural y despoblada.

En realidad más allá de dos nombres de pueblos, no tuve más información ni sobre el trabajo ni sobre el tiempo a cubrir por la interinidad.

Así que la elección se produjo por un simple consejo de quien había sido una de mis tutoras de prácticas: “conozco el equipo y es muy bueno”.

A lo largo de estos años, he conocido todo tipo de motivos por los que las y los compañeros acaban eligiendo su zona de trabajo. La mayoría de ellos relacionados con la distancia, la población y las dificultades sociales de los municipios.

En mi caso; saber que contaría con un equipo de compañeras que me acogerían bien y me acompañarían en los primeros pasos, fué más que suficiente.

Pasados los años me reitero en mi decisión. Si no hubiera sido por ellas, yo no seguiría a día de hoy aquí.

Han sido muchas horas de trabajo, de risas, de confesiones, de lágrimas, de encuentros y de despedidas. Pero cada vez que he querido tirar la toalla; allí han estado ellas para recogerla y recordarme el verdadero motivo por el que sigo aquí.

Mi jefa de por aquel entonces, me dijo el día de la firma de contrato: “en estas elecciones nunca se sabe lo que será mejor”. Es algo que repito a quien me pide consejo sobre la plaza a elegir.

De entre mis dos opciones, la que yo elegí era una interinidad de 4 meses. La otra, indefinida.

De ahí las palabras de mi jefa. Pero yo había elegido mi plaza por una cuestión más emocional que práctica.

Para mí, lo importante era probar y aprender. Y bueno, yo no quería ser trabajadora social de pueblos, así que cuatro meses me parecían un buen aprendizaje.

Además, y todo hay que decirlo: en cuatro meses de funcionaria interina iba a ganar lo mismo que en un año de trabajo en mis otros tres empleos juntos. ¿Qué más podía pedir?

El tiempo pasa rápido. Me parece increíble que hayan pasado 15 años desde aquel primer día en que giré la rueda bajo la silla de mi despacho para elevarla y dejar de tener esa sensación de pequeñez frente a ese gran escritorio.

Soy de las “viejas” por aquí. No por edad sino por antigüedad.

Pero me sigo sintiendo “en prácticas”. Aquí no se deja de aprender nunca, y cuando cometes el error de pensar que vas sobrada en algo, te pegas la leche del siglo y te das un buen baño de humildad.

Sigo sintiendo el mismo cosquilleo en el estómago al abrir la puerta por las mañanas sin saber qué llegará a mi despacho. Si estaré preparada para afrontarlo, y si tendré la capacidad para ayudar a quien me pida ayuda.

Me sigo enfadando como el primer día frente a las injusticias. Sigo sin tener filtro. Sigo sin saber respirar tres veces antes de abrir la boca, y sigo creyendo que un Sistema Público de Servicios Sociales de calidad, y con la suficiente financiación, es posible.

Reconozco que lo que más me pesa de estos años no son los kilómetros; sino las pérdidas.

Y no sólo la de aquellas personas que me dejaron para siempre; que acompañé en su proyecto vital, metiéndome en sus casas y en sus vidas. (De ello hablé ya en un post anterior llamado: “Las Pérdidas“).

Sino también la de las compañeras y compañeros que se quedaron a mitad de camino. Esas “plazas amortizadas” de las que ya pocos se acuerdan, pero que contribuyeron a la riqueza social de nuestros pueblos y que a día de hoy, continuamos necesitando.

Animadores socio comunitarios, trabajadores sociales de mediación intercultural, trabajadores sociales de apoyo a la dependencia y programas…

Tras quince años; el balance profesional es positivo. Porque trabajar en lo rural te cambia por dentro y por fuera. Te transforma.

Sentarme a escribir estas líneas, me ayuda a ser consciente de mi transformación. De cómo han calado estos quince años en mi vida.

Me ayuda a ver los esfuerzos que hemos realizado, y a asumir los errores que también cometemos.

Como decía alguna compañera; aquí hay que ponerse las botas para el barro, y patear.

Yo no tengo la respuesta a la pregunta de si una Trabajadora Social Rural nace o se hace; pero soy consciente que no vale solo con llegar y estar.

Repasando estas líneas, me doy cuenta de que nunca volví a buscar trabajo fuera de esta región. Son muchas las cosas que aún me quedan por hacer. Hay muchos proyectos que continúan en la mochila, esperando su momento para salir. Pero aún no es el momento.

Y a pesar de ellos; tengo claro que yo me quedo aquí; yo me quedo a continuar llenando la mochila de aprendizajes. A continuar sumando kilómetros de experiencias en una España que la llaman “vaciada” pero que guarda auténticos tesoros.

Yo me quedo a trabajar por la gente que se queda aquí, y por la gente que aún le queda descubrir las verdaderas riquezas y oportunidades de esta tierra.

Me quedo porque yo creo en esto; y porque seguiré creyendo a pesar de los tropiezos y los desencuentros.

Porque no sé si nací para ser Trabajadora Social Rural; pero tengo claro que los años, la experiencia y la ilusión, me han convertido en una de ellas.

Y quizás, después de todo, uno de los objetivos que me han traído hasta aquí, sea lograr que el Trabajo Social Rural no continúe despoblándose.

Lograr que, tanto alumnas y alumnos, como profesionales, vean el Trabajo Social Rural, no solo como una opción de trabajo; sino como una oportunidad real para transformar nuestra sociedad.

servicios sociales, Trabajo Social

Las pérdidas

Se acaba una semana que ha estado marcada por las despedidas…

Pexels

Oir repicar las campanas de la Iglesia genera el acto reflejo de girar la cabeza (como si fueras a escucharlo mejor) para adivinar si se trata del repicar de las doce o están “tocando a muerto”.

En el último año, el repique de muerto venía acompañado de un revolvimiento de cuerpo y una preocupación añadida a trasladar hacia el paisano que pasara por allí: “pero ha sido cóvid? “

Trabajando en la zona rural donde en gran parte de los pueblos la media de edad supera los 80 años, cabría esperar que una viviera las despedidas con naturalidad como parte del proceso vital.

Yo no sé si es el agua de la Sierra, pero aquí he llegado a conocer a varios centenarios llegando incluso hasta los 109 años en pleno uso de sus facultades.

Pero siempre las pérdidas son pérdidas. Una no se acostumbra.

Cuento siempre que para mí la dureza de este trabajo a veces consiste en no poder sufrirla como corresponde. En ocasiones simplemente te suena el teléfono y alguien, incluso lejano a la persona, te lo comunica. Y tú, mecánicamente te pones a hacer el papeleo y a dar de baja los servicios que tuviera en marcha.

Pero tarde o temprano llega el momento en el que te montas en el coche y te quedas sola. Quince años después, nada ha cambiado.

Es cuando me monto en el coche cuando me vengo abajo. Y lloro. Lloro por aquellas personas que se cruzaron en mi camino. Que compartieron su proyecto vital llegando a ponerlo en mis manos. Compartieron preocupaciones, recuerdos, alegrías, experiencias. Fotos y recuerdos que llenan mi cabeza. Charlas no sólo de despacho. Rincones de una salita de estar que son parte ya de mi vida también.

Personas que me abrieron las puertas de su casa, que me enseñaron sus propios conocimientos y de las que aprendí sobre la vida. Historia de España viva que me ha enseñado mucho de otros tiempos que yo no viví. Migrantes que me trasladaron su experiencia vital lejos de su país.

Lo que no saben muchos familiares es la pena que siento de no haber estado allí. De no haber podido llorarles cerca de su tumba, invisible a todo el mundo, pero dándoles el último adiós.

Por eso, los 45 minutos de coche que me separan de mi casa; los lloro.

Es mi último homenaje. Mi último agradecimiento por tan buenos, y también algunos malos momentos compartidos. Por el aprendizaje vital que cada una de las personas que he atendido y despedido me ha dado.

Me parece básico no olvidar los vínculos que generamos con las personas a las que atendemos. No siempre son tan fuertes y que sea tan fuertes no siempre significa que son las personas a las que más hemos ayudado. Siempre pienso que son ellos los que me han ayudado a mí. A ser mejor, a hacer mejor.

Esta semana ha sido una semana de pérdidas. Por eso me he decidido a hablar de ello en alto, porque sé que necesito sacarlo y rendir de algún modo un homenaje a las personas que se marcharon en los últimos años.

De las pérdidas más dolorosas; están aquellas en las que te preguntas si pudiste hacer algo más. Se te parte el alma de dar vueltas a la cabeza preguntándote por qué no hiciste algo más.

La soledad es la gran pandemia de nuestra época, sin duda. En los próximos años tendremos que desarrollar todo nuestro potencial profesional para luchar contra ella.

Quien piense que en los pueblos no hay soledad se equivoca. Y mucho.

Las redes informarles de apoyo no siempre son más fuertes en los pueblos.

Hay personas que vienen de grandes ciudades y piensan que aquí, la gente ayuda a todo el mundo, que integrarse es sencillo y que no te vas a sentir en soledad…

Nada más lejos de la realidad…

Aquí también se vive y se muere en soledad.

Cuando doy de alta un servicio de ayuda a domicilio insisto en la importancia del acompañamiento. Siempre uso la misma frase: “Nadie se muere por una pelusa en el suelo, pero sí se muere de soledad”.

Quizás porque esta semana murió una de esas personas, me haya llegado el momento de hablar en alto de ello. Murió de soledad, aunque acompañado por fin.

Sé que pude hacer más contra su soledad y eso es lo que más me duele. Pero a la vez, es lo que más me empuja a seguir trabajando contra esta dichosa pandemia del siglo XXI.

Por suerte ya hay muchas profesionales que cada día trabajan por reducir la soledad en nuestro entorno.

Teresa Lamagrande, es una muestra de ello. Más de veinte años dedicada a acompañar y ayudar a las personas mayores de nuestra región que residen en las Viviendas de Mayores.

Siempre con una sonrisa y una carga de sentido común ante los conflictos y las dificultades cotidianas. “Cuando todo esto pase, también tendreis que hacernos terapia psicológica a las trabajadoras sociales” le dije en una de nuestras últimas conversaciones.

Teresa nos dejó esta semana…

Ha sido un golpe duro para todas aquellas que tuvimos la suerte de conocerla y trabajar a su lado.

Cada intervención conjunta era un aprendizaje. Una mujer fuerte que se recorría de punta a punta la región atendiendo cada necesidad que surgía en las viviendas de mayores; combatiendo la soledad y favoreciendo la integración y la comunicación entre residentes y trabajadoras. Y a pesar de que no paraba un minuto quieta, siempre tenía el hueco para dar una respuesta a quien le llamara.

Nos deja muy pronto. Pero seguro que su equipo continuará la gran labor que ella inició.

Dudo que algún día me acostumbre a las pérdidas, a las despedidas. Pero me quedo con el aprendizaje.

Como nos recordaba Benigni en su gran obra maestra:

“La vida a veces duele, a veces cansa, a veces hiere. No es perfecta, no es coherente, no es eterna; pero a pesar de todo… la vida es bella”.

covid19, servicios sociales, Trabajo Social

2020

Lo mejor de 2020: los peques y su comportamiento ejemplar

Son muchas vueltas las que he dado para decidir el título de esta última entrada del año, y al final, creo que ha sido un año tan relevante que no puede más que titularse como tal.

A puertas del tan ansiado 2021, es hora de hacer balance del que sin duda será un año que dificilmente olvidaremos; para bien y para mal.

Recuerdo el final de 1999. Todas las noticias nos hablaban del temido “efecto 2000”. Todos hablabamos de ello, y reconozco que sentí una pequeña decepción cuando no fue, sino otro cambio de año más.

No me malinterpreten, quería decir en cuanto a ciberataques y a fin del mundo se refiere.

La llegada de los 2000 no trajo el gran apagón, sino todo lo contrario, se daba inicio a la era de las nuevas tecnologías y la eclosión de las redes sociales como nueva forma de comunicarnos y relacionarnos. Si bien, echando la vista atrás a estos veinte años, parece que no ha sido hasta los últimos meses cuando de forma definitiva hemos implantado en nuestro adn las nuevas formas de comunicación y trabajo.

Pensar en Enero de 2020 es como recordar un tiempo pasado que guardas en tu memoria pero que sientes que pertenece a otra vida.

La mente es muy traicionera, y está preparada para recordarnos los momentos negativos por encima de los positivos. Piensen en ello cuando hagan su propio resumen del 2020. No ha sido un año tan terriblemente horrible; es su cerebro que le traiciona… (Es ironía)

Mi esfuerzo por recordar el mes de Enero, me lleva a una rotonda.

Camino del trabajo. Tomando una rotonda, fue la primera vez que escuché hablar de Wuhan. En la radio hablaban del cierre de un mercado, un virus nuevo y el cierre de una ciudad en China. China? No parecía una noticia más. No recordaba algo similar…

En Castilla-La Mancha, los profesionales de Servicios sociales habíamos acabado 2019 denunciando la escasez de ayudas económicas para paliar las situaciones de mayor vulnerabilidad social en la región a la que nos veníamos enfrentando desde Septiembre de ese año.

La falta de presupuesto para las Ayudas de Emergencia Social e Ingreso Mínimo de Solidaridad en la región, comenzaba a generar una crisis social entre los más vulnerables; algo que evidenciaría a principios de Febrero Pilhip Alston, el Relator Especial de la ONU sobre la pobreza extrema y los derechos humanos; el cual llegó a señalar: “España le está fallando por completo a buena parte de su sociedad, aquella que vive en la pobreza, cuya situación ahora se encuentra entre las peores de la Unión Europea.” 

Pero entonces las noticias se centraban en el nuevo Gobierno, en los abrazos entre Presidente y Vicepresidente y en el cambio social que podría producirse.

En la profesión, se levantó la voz cuando este nuevo Gobierno progresista eliminó la Secretaría de Estado de Servicios Sociales y nos preguntábamos por qué si existía un compromiso firmado por PSOE y Unidas Podemos por la Defensa del Sistema Público de Servicios Sociales como IV Pilar del Estado de Bienestar, se invisibilizaba y ni se nombraba como tal en este nuevo Gobierno. (Tal y como lo reflejaba el Consejo General del Trabajo Social).

Febrero avanzaba entre noticias a nivel internacional del avance del nuevo virus y los debates y noticias en España sobre la inconsistente preocupación por lo que parecía una “nueva gripe”.

Febrero es el mes de mi cumpleaños, y este año decidía celebrarlo con mi abuela, ya que a sus 95 años era consciente de que no tendría muchas más oportunidades de compartirlo con ella.

Puedo asegurar que fué una de mis mejores decisiones del 2020. Aquel día pude abrazarla por última vez con plena consciencia y libertad.

Iniciabamos el mes de Febrero con el informe del Relator de la ONU que desencadenaba nuevos comunicados desde la Plataforma de Profesionales de Servicios Sociales y del Colegio de Trabajo Social de Castilla-La Mancha denunciando de nuevo la situación de vulnerabilidad de la ciudadanía castellano-manchega ante la escasez de recursos de protección social no solo en ayudas economicas sino en recursos sociales de atención a la ciudadanía más vulnerable.

La gran Ola

Y mientras estábamos inmersos en la organización del Día de La Mujer y la celebración anual del Día Mundial del Trabajo Social; el nuevo virus llegaba a nuestro país.

Una servidora iniciaba el mes entre búsqueda de mascarillas a escodindas de familiares compañeros y amigos que seguían insistiendo en el sinsentido de la paranoia.

Mientras mirábamos de reojo a Italia; en España continuabamos negando la gravedad de los hechos. Y la primera ola nos arrasó…

El 3 de Marzo se notificaba oficialmente el primer muerto por coronavirus en nuestro país, aunque el fallecimiento se había producido el 27 de Febrero. El 12 de Marzo se notificaría la primera fallecida en Castilla-La Mancha.

La mañana del 13 de Marzo yo no podía parar de llorar. De repente me ví en mi despacho hablando con todas las auxiliares de ayuda a domicilio, alcaldes y secretarios, intentando dar respuesta a preguntas que nunca creímos que nos formularíamos.

La tarde del 14 de Marzo la vida se paró. Sería la primera de muchas comparecencias del Presidente del Gobierno, anunciando el inicio del Estado de Alarma y la situación de confinamiento para toda la población.

Siempre he reconocido que, aunque estuve trabajando sin parar desde el 13 de Marzo, esos tres primeros días me encontraba en situación de shock. No paraba de llorar a escondidas, y no podia evitar pensar que la vida nos había cambiado para siempre.

Tardé tres días en reaccionar.

Sobre esos meses y la pandemia muchas cosas se pueden contar, algunas ya las hemos contado. Otras historias las guardaremos para siempre.

Semanas muy duras, con falta de material para las auxiliares de ayuda a domicilio; a las cuales no tendré vida para agradecer el gran trabajo que hicieron toda la pandemia, pero especialmente esas primeras semanas.

Alcaldes y ciudadanos volcados en la desinfección de sus pueblos. Toda la población volcada en la solidaridad con los más vulnerables.

En Servicios Sociales nos centramos en atender primeras necesidades. Como ya he dicho anteriormente, las ayudas de emergencia social para cubrir necesidades básicas no tenían presupuesto, por lo que nos vimos abocadas a tirar del tercer sector para cubrir la alimentación de cientos de familias que se quedaron de la noche a la mañana sin nada.

Un protocolo tras otro, decretos, medidas y petición de documentos de información, se mezclaban con las peticiones de ayuda de cientos de familias y las llamadas a personas mayores y dependientes que habían quedado aisladas y que estaban totalmente aterrorizadas.

Volver a casa y ducharte antes de abrazar a tus hijos. Las trabajadoras sociales también lo hacíamos…

Continuabamos al pie del cañón acudiendo a casas a intentar ayudar en todo tipo de cuestiones. Había miedo, mucho miedo. Solo recuerdo el miedo y las calles vacias. El terror nocturno a que sonara el teléfono en cualquier momento…

Pero recuerdo también las cosquillas, la guerra de almohadas, los dibujos infantiles; a mi marido haciendo pan y a mis hijos detrás de mí para abrazarme.

La vida nos regaló un tiempo único. Nosotros fuimos afortunados. Y aprovechamos la oportunidad de disfrutar el tiempo juntos.

Como dice Rozalen en su canción “Aves Enjauladas“, yo sí recordé que en “este remanso, también se ve la vida pasar” y quise atrapar el tiempo y aferrarme a la vida… y entonces me dí cuenta de algo que había parecido olvidar: somos vulnerables. Siempre lo fuimos; pero ahora ya nunca podríamos olvidarlo.

La pandemia nos ha arrebatado a la generación que construyó este país y esta sociedad que nosotros hemos disfrutado. Hombres y mujeres que vivieron una Guerra y una postguerra, sufrieron una dictadura y conocieron entre miedo y esperanza una joven democracia. Pero se han ido en silencio y en la mayoría de los casos, solas y solos.

En medio de la pandemia, uno de los abuelos que visitaba me decía “Nosotros ya hemos vivido mucho. Que nos vayamos nosotros, pero que a vosotros jóvenes no os toque”… A las pocas semanas murió.

En la profesión también hemos tenido que decir adiós a compañeras y compañeros.

Al igual que los años nos traerán respuestas sobre la enfermedad; la pandemia también nos ha puesto a prueba a las trabajadoras sociales obligándonos a reiventar nuestras formas de intervención social. Con reticencias, hemos tenido que adaptar nuestra profesión a la teleatención y el teletrabajo. Luchar porque se imponga la distancia física, pero nunca la distancia social…

Es inevitable tener ganas de llorar cada vez que miro a los ojos a una persona mayor, pero no puedo ni tan siquiera cogerla de la mano para calmar el miedo en sus ojos.

Está siendo un año dificil, pero no quiero escribir una entrada en negativo y llena de tristeza. Hay que reconocer también las lecciones positivas y los grandes momentos que hemos vivido en este 2020.

Para recargar fuerzas y reconocer el esfuerzo de la profesión durante los primeros meses de pandemia, el Consejo General del Trabajo Social organizó por todo lo alto via online un acto de reconocimiento a trabajadores sociales. He de reconocer y agradecerlo. A esas alturas, estábamos agotadas y muy tocadas.

Han sido numerosos reconocimientos que el Trabajo Social ha tenido en los últimos meses. Y a nadie le amarga un dulce. Pero hemos de aplaudir sin duda el reconocimiento como profesión esencial en el BOE en Marzo y la modificación de la Ley 44/2003 (LOPS), que incluía al Trabajo Social Sanitario.

La aprobación del Ingreso Mínimo Vital tendría que ser un hito en positivo dentro de este terrible año. Si bien, meses después de su aprobación sigue generando más desesperanza y desesperación que otra cosa. Miles de familias continúan a la espera de resolución, otras tantas han visto como se les denegaba sin encontrar explicación. Servicios Sociales saturados mientras que oficinas de la Seguridad Social continúan sin dar respuesta ni atender.

La solución parece simple. Hace falta dinero. No podemos permitir más “colas del hambre”. No podemos continuar fomentando el modelo de Caridad a través de los bancos de alimentos y servicios sociales desdotados, sin herramientas, ni prestaciones ni personal suficiente.

La vacuna social contra el covid se llama: inversión pública.

Debate abierto en la profesión. Insisto en mi opinión. Las profesionales del Trabajo Social tenemos mucho que reflexionar sobre nuestra forma de trabajar… Pero mientras que aquí no se invierta más dinero, poco podemos cambiar. Somos nosotras mismas las que volcamos nuestras frustraciones sobre nuestra intervención. Pero mientras hacemos eso; se continúa eludiendo la responsabilidad de los poderes públicos de dotar de forma suficiente y adecuada los sistemas de protección para que se pueda atender la crisis social y evitar las bolsas de desigualdad.

Diciembre…

En los pueblos seguimos mirando de reojo al virus. Lo dije ya en Marzo. Si entra el Covid aquí, cerramos pueblos para siempre. Hemos perdido muchas vecinas y vecinos. Si bien, el 2020 también nos ha traído el teletrabajo como segunda oportunidad para el entorno rural.

Reconocer el trabajo de los ayuntamientos por reinventarse ante la pandemia abriendo espacios de coworking en pueblos de menos de 200 habitantes. Esa es la visión de futuro que necesitamos por aquí.

Acabamos el año con más de 50.000 personas fallecidas, familias con graves dificultades sociales y economicas, una ola pandémica que ha colpasado no solo el sistema sanitario, sino también el sistema de protección social.

Acabamos el año con esperanza, la vacuna está aquí. Tenemos esperanza en que esta puerta evite que sigamos perdiendo más vecinos por el camino.

Queda pandemia para rato, lo sé. Quedan meses complicados. Sin suficientes recursos, muchas necesidades, mucho miedo… pero queda vida y salud para seguir trabajando y salir de esta. Porque saldremos. Y en nuestra mano está no volver a abandonar en el olvido a aquellas y aquellos que se quedaron a medio camino.

Trabajar contra la desmemoria será uno de los grandes retos del próximo año.

Ha sido un año duro, muy duro. Pero ha sido un año donde aprendimos que somos vulnerables.

El año que las trabajadoras sociales aprendimos a multiplicar los panes y los peces, y que aprendimos el verdadero significado de trabajar en equipo y en Red. El año que la solidaridad mostró su mejor rostro y todas en general aprendimos a iniciar las conversaciones con un “hola, qué tal estás, la familia bien? “.

Aprendimos que cada día es un regalo. Y que la verdadera riqueza es la libertad.

También que los grandes momentos son los cafés en torno a una mesa rodeados de amigos y familiares. Las risas sin prisa. Los besos…

Este 2020 nos ha hecho valorar lo importante que son los abrazos, y la habilidad de saber sonreír con los ojos.

No olvidemos la lección. Somos vulnerables. Todas y todos.

Que el 2021 nos traiga esperanza, solidaridad, salud, igualdad y justicia social.

empleo, empleo publico, oposiciones, servicios sociales, Trabajo Social

¿Se puede aprobar una oposición de Trabajo Social?

El creciminiento de empleo en el ámbito de la protección social y especificamente, en lo referido a los Servicios Sociales y el Trabajo Social, crecerá exponencialmente en los próximos años, derivados de los nuevos fondos europeos Next Generation de la Unión Europea y de los planes de Recuperación estatales y autonómicos para hacer frente a la actual crisis social que estamos viviendo.

Si bien, la necesidad de aumentar plantillas en los sistemas públicos de servicios sociales, era evidente ya anteriormente a la crisis originada por la COVID19.

Una alta tasa de interinidad y una baja ratio profesional, estaba originando una deficiente atención a la población, que la situación actual no ha hecho sino evidenciar, situando al sistema al borde del colapso.

Todo ello, unido a la presión llegada desde Europa para la estabilización de los recursos humanos en las administraciones públicas, está originando la publicación de diferentes ofertas de empleo público, aumentando las personas que cada día se lanzan a la aventura de las oposiciones.

Por todo ello, me apetecía poder ofreceros la experiencia de una compañera y trabajadora social de pueblos, que acaba de aprobar una oposición en la administración regional de Castilla La-Mancha para que podais; no solo ver que sí se puede alcanzar, sino que conozcais las luces y las sombras a las que os vais a enfrentar en esta carrera de fondo que supone una oposición a la administración.

Veronica Palacios Herranz actualmente es Trabajadora Social de la Junta de Comunidades de Castilla La-Mancha en el Programa Regional de Acción Social, en la provincia de Cuenca. Si bien, en los próximos días se publicará su nuevo destino, esta vez ya como funcionaria de carrera de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Agradecer su participación en la entrevista, y desearle que continúe desarrollando su labor profesional con tanta energía y entusiasmo como la desarrolla a día de hoy.

Os traslado la entrevista que he tenido el placer de hacer a la compañera:

– Verónica, ¿Tu experiencia profesional se inició directamente en administración pública o eres de aquellas intrépidas que han pasado por pequeñas entidades del tercer sector?

Mi primera experiencia como trabajadora social se inició en la administración pública, concretamente en la JCCM, cuando crearon las plazas de área en el año 2007 y me llamarón de la bolsa de empleo. Para entonces tenía 27 años y anteriormente hice un poco de todo…trabajé en una ludoteca, en un comedor escolar, de supervisora en una residencia de mayores…pero nunca había ejercido la profesión como tal.

-¿Cual fue tu primera oposición y cómo la recuerdas?

Ufff tengo que hacer memoria…..mi andadura en el mundo opositor comenzó en Madrid allá por el año 2002. Ahí comencé, estudiando para una OPE que convocó el Ayto. Estaba perdida y no tenía ni idea de cómo meterle mano al asunto así que me apunté a una academia en Madrid y un día a la semana allí que me presentaba para asistir a las clases. La recuerdo con algo de ingenuidad la verdad, no sabía en qué mundo me metía! Iba tan convencida de que aprobaría el primer examen y me quedaría en bolsa, jajaja, pero no fue así. Si bien es cierto que me sirvió de empujón para continuar estudiando. Así que comencé a estudiar para las opos de la JCCM.

¿Cuando iniciaste tu andadura como trabajadora social de pueblos?

Como ya señalaba anteriormente, comencé a trabajar para la JCCM como funcionaria interina en una plaza de área donde mis funciones eran exclusivamente valorar casos de dependencia. Así que me recorría todos los pueblos que integraban el Área de Servicios Sociales para tal cometido.  Posteriormente, a partir de 2013, comenzó mi andadura en PRAS propiamente dicho. Primero un par de suplencias en un Servicio Social de Base en una Comarca de Teruel y ya desde noviembre de 2015 en el PRAS de Beteta, donde continuo en la actualidad hasta que publiquen la adjudicación de destinos…..

 ¿Cual es el momento o el hito de tu historia que te hace plantearte ser opositora?

Pues la verdad que me deje llevar un poco por personas mayores que yo que trabajaban en la Administración y me decían que merecía la pena opositar, que las salidas laborales de la profesión fuera de la Administración no eran muy buenas…bla, bla, bla…. y como al terminar la carrera y el postgrado que hice después estaba perdida y no veía que hubiera muchas oportunidades de encontrar un empleo como trabajadora social a corto-medio plazo pues ahí que empecé con las de Madrid, a la vez que trabajaba en cosillas que me iban saliendo. Y en todo este proceso, el momento en que ya tuve claro que quería terminar sacando una plaza en la Administración fue una vez que me llamaron de la bolsa y empecé de interina…ahí ya la cosa me la empecé a plantear más en serio.

– ¿Cuántos años has estado de interina? ¿Cuántos de trabajadora social de pueblos?

De interina llevo un total de diez años. Todos ellos en entorno rural.

– ¿Y cuánto tiempo puedes haber llegado a dedicar a la oposición?

En años, habré invertido aproximadamente cinco años de mi vida a tal cometido. Respecto a los procesos aprobados/suspendidos, han sido dos los que tomé enserio, el proceso del 2009? (ya no recuerdo si fue 2009 o 2010) el cual aprobé sin plaza, quedándome a las puertas, y este último el cual ha tenido final feliz. Respecto a la opo de Madrid no pasé el primer examen.

– ¿Cómo nos describirías el peor momento de todo este proceso?

Para mí, y supongo que para la mayoría de las personas que deciden opositar, algo que me afectaba mucho era cada vez que se me venía a la cabeza la idea de no acabar sacando una plaza con todo el tiempo y sacrificio que estaba invirtiendo en estudiar. Sobre todo en éste último proceso, en el que ya me planteaba seriamente que si no acababa bien no iba a invertir más tiempo en estudiar una oposición. Creo que es importante saber gestionar este aspecto concreto. Si tú te preparas muy bien un examen de una asignatura cualquiera que estés cursando en el nivel que sea, sabes que existen altas probabilidades de aprobar e incluso sacar un buen resultado, pero en el mundo opositor esto no siempre es así y puede llegar a frustrar mucho y que acabes tirando la toalla. Hay tanto factores y condicionantes que pueden influir, tanto internos como externos a uno mismo, que si bien hay que intentar mantener firme la motivación y la creencia de que se puede, por otro lado no hay que perder de vista este aspecto y contar con que existe la posibilidad real de que las expectativas y resultados no acaben siendo equilibrados. Pero bueno, ánimo a todas/os opositoras/es!! que al final quien la sigue…la consigue!!!!

– ¿Cómo crees que este proceso afectó a tu salud?

Física?. Mental?. Ámbas? Jajaja…..La verdad que al final acaba desgastando a ambos niveles por muy bien que trates de gestionarlo. Mentalmente absorbe mucha energía por la dedicación que hay que invertir, sobre todo cuando ya estás muy metida en el meollo según vas superando exámenes, que por otro lado eso te va motivando, y físicamente mi cuello y espalda han acabado resentidos….ya llevo unos cuantos euros en fisioterapia, jajajaaja….

– ¿Hablarías de renuncias personales y familiares durante el proceso?

Siiiiii, en mi caso totalmente. Muchos hobbies aparcados que para mí son vitales y…..familiares? Preguntar a mis peques y pareja que también han tenido que sufrirlo…..Muchas gracias familia y perdonarme las molestias de verdad!!!! Pues al final es algo que he elegido yo y que evidentemente de alguna manera acaba afectando a tu entorno.

– ¿Puedes llegar a hacer un cálculo económico solo del último proceso al que te has presentado?

Pues echando cuentas calculo unos 2.000 euros aproximadamente.

– ¿Crees que los procesos miden de forma justa la capacidad de las profesionales? Que cambiarias?

Uff… terreno arduo sin duda. En primer lugar creo que hay que tener en cuenta que es un proceso al que se presentan cientos de personas para no demasiadas plazas y no debe ser tarea sencilla evaluar tal cometido y que acabe siendo justo. Es lo que comentaba antes, puedes haber estudiado muchísimo, tanto que merezcas que una plaza sea tuya y que finalmente esto no ocurra, bien porque apruebas y te quedas fuera o por el motivo que sea. Y sin embargo otra persona estudiando bastante menos o haciendo una selección de temas tiene la suerte de que “suene la flauta” y haga una exposición brillante que le lleve sacar una plaza. En este sentido se pude decir que es como una lotería. Ahora bien, si en mis manos estuviera cambiar algo del proceso en cuestión, tengo claro que obviaría la lectura de temas ante el tribunal, incluso puede que hasta eliminara el segundo examen, total ya hay un test lo suficientemente complejo que conlleva que lleves los temas muy bien estudiados si quieres sacarlo. Por tanto, considero que sería más relevante y justo, si de medir la capacidad se refiere, poder defender el tercer examen, caso práctico, ante el tribunal y que no se corrija a puerta cerrada.

 – ¿Crees que los temarios y lo que se estudia se ajusta al trabajo desempeñado?

Considero que el temario actual te permite tener una especie de bagaje general de muchos aspectos que son interesantes conocer por parte de una profesión como la nuestra. Ahora bien, si me preguntas si se ajusta al trabajo desempeñado; ahí ya tengo mis dudas. Es un temario muy amplio, con mucha normativa tanto autonómica como estatal, y no sé hasta qué punto es necesario disponer de tales conocimientos tan profundos para nuestro quehacer profesional, la mayoría en zonas PRAS. En mi caso, echo de menos que el temario no profundice apenas en aspectos prácticos relativos a estrategias de intervención con personas y/o familias adaptadas al contexto actual, gestión emocional del sufrimiento humano que vemos continuamente y para lo que, en muchas ocasiones, no estamos preparados. El trabajo social es una profesión eminentemente práctica y considero, desde mi humilde opinión, que el temario no termina de prepararte para tal cometido.

Photo by Pixabay on Pexels.com

> Por tu experiencia, qué recomiendas: ¿preparación por libre, con academia o a través de un preparador personal?

Cualquiera de las opciones podría ser válida, pero también depende de la situación personal de cada uno. En mi caso, dadas mis circunstancias familiares y laborales me decanté por un preparador que me marcara un ritmo y ayudara a establecer una rutina, pues de lo contrario no sé si me hubiera podido organizar bien. Además, el hecho de tener que desembolsar una cantidad económica mensual también ayuda a que te obligues y lo tomes enserio. A mí me ha funcionado, con lo que considero que un/a preparador/a es una buena opción, sobre todo si el tiempo de que dispones es muy ajustado.

> ¿Sistema de vueltas o sistema de arrastre de temas?

Arrastre de temas, sin duda.

> ¿Preparaste por examen, o ibas preparando todos los exámenes a la vez?

En el proceso de 2010 los primeros meses estaba totalmente centrada en el primer examen exclusivamente y creo que es un error. En este último proceso, y tras hablarlo con la persona que elegí para prepararme, la metodología de estudio cambió por completo. En el periodo de un año, concretamente de marzo de 2018 a marzo de 2019, me dediqué a preparar todos los resúmenes, sin pensar apenas en el tipo test. La preparadora me los iba supervisando y cuando finalizó ese periodo, aparqué los resúmenes y ya me centré exclusivamente en el test. Fue genial ver todo el bagaje que ya tenía adquirido con la preparación del segundo examen. Tenía un poco de miedo de pensar que luego fuera muy justa de tiempo para el test pero nada de eso. Vamos, que todo el tiempo invertido en preparar los temas para el segundo examen tuvo su efecto positivo para luego centrarte en el primero. Y además con la tranquilidad de saber que ya estaban todos los resúmenes preparados.

> Si tuvieras que volver a empezar, ¿qué harías diferente o no harías en la preparación o en el proceso?

Yo creo que mantendría alguno de los hobbies para desconectar la mente. Sobre todo entre el segundo y el tercer examen que estás tan metida en la oposición que es fácil entrar como en una especie de obsesión, como si ya no hubiera más vida que estudiar. Hasta el punto de qué aunque estés al borde del agotamiento, y ya no te cunda más ese día el estudio, sigues ahí sentada en tu silla en lugar de salir y darte un paseo, por ejemplo. Es un error entrar en esa espiral que al final acabas pagando en forma de ansiedad y mal humor!!

> Por último, algún consejillo o animo extra:

Pues mucho ánimo de verdad, que SE PUEDE!!!!. Es fundamental la disciplina, pero no me refiero a una disciplina militar en plan 8-10 horas diarias. Sino una disciplina en función de tus posibilidades y situación personal. Si al principio puedes sacar 8 horas semanales, por ejemplo, que sean rutinarias y de calidad. Y poco a poco se va cogiendo el hábito que es lo que al final considero que marca la diferencia. Según se van superando exámenes, la motivación también va subiendo. Y otra cosa, si estás trabajando y tienes opción, y te puedes permitir claro, de poder solicitar una excedencia, licencia, permiso…pues genial!! Yo así lo pude sobrellevar bastante mejor. Así que venga, a darle!!.

Importante también CREER EN UNO MISMO, PERSEVERANCIA, BUENA ALIMENTACIÓN Y TRATAR, EN LO POSIBLE, DE MANTENER UN HOBBIE O ACTIVIDAD QUE TE SIENTE BIEN. A POR TODAS!!!!

Agradecer a Verónica su colaboración y sus ánimos. He de confesar que de este trabajo una de las partes que más me motiva es la oportunidad, no solo de conocer a grandes profesionales de las que aprendo mucho todos los días; sino también de la cantidad de compañeras que acaban convirtiéndose en amigas. De nuevo felicitar a Vero y desearle lo mejor!!!

Tips para preparar y aprobar una oposición de Trabajo Social:

– Planifica: imprescindible elegir el proceso al que te vas a presentar, evaluar el tiempo personal real del que vas a disponer para prepararte, el temario que tendrás que interiorizar y el tiempo que tienes por delante hasta el inicio de exámenes.
– Academia, preparador o por libre: dependerá de si es la primera vez que preparas, si tienes el temario, tu disponibilidad de estudio y tus posibilidades económicas (estudiar una oposición supone una gran inversión económica).
– Sistema de estudio: arrastre. Te permite ir avanzando en temario a la par que vas repasando temas.
– Autocuidado: es imprescindible compaginar estudio y vida. De acuerdo que habrá que hacer sacrificios; pero el descanso es fundamental.
– Creer en uno mismo, alimentarse bien, descansar, desconectar, cuidarse y disfrutar de quien te quiere y, ante todo: tener claro que sí se puede!

Si quieres conocer cómo acceder a los procesos de empleo público de CLM puedes acceder a la siguiente web: https://empleopublico.castillalamancha.es/ofertas