Trabajo Social

Viviendas de Mayores, una alternativa residencial contra la soledad no deseada y la permanencia en el entorno.

Vivienda de Mayores de Valdeolivas (Cuenca)

Un poco de historia

Con la descentralización de los Servicios Sociales en nuestro país y la recién estrenada Ley 13/86 de Servicios Sociales de Castilla-La Mancha; el Gobierno regional apostó por un modelo de recurso residencial para mayores alternativo a las residencias.

Las Viviendas de Mayores (las cuales en un inicio se mal denominaron “Viviendas Tuteladas”) nacieron con el ánimo de ofrecer un alojamiento alternativo de convivencia en el propio entorno, para aquellas personas mayores de 60 años que; sin tener necesidad de apoyo extenso y con capacidad de autocuidado, precisaran de un alojamiento alternativo debido a las condiciones inadecuadas de su propia vivienda y/o la existencia de barreras en las mismas, así como la necesidad de acompañamiento a través de la convivencia con personas en situación similar a la suya.

La idea de contar con una casa en el pueblo donde poder alojar a aquellas personas que comenzaban a tener dificultades para vivir solas pero que no se encontraban aún en situación de dependencia, así como aquellas otras que simplemente no querían continuar viviendo en soledad, evitando así el desarraigo que se produce ante el traslado a centros residenciales o alternativas familiares fuera del entorno; atrajo a centenares de alcaldes de toda la región.

Y las viviendas comenzaron a salir como las setas…

En los 90, se convirtió en la promesa electoral estrella; especialmente en aquellos entornos despoblados y envejecidos con pocas posibilidades de retorno.

La prueba de ello es que en la actualidad, se encuentran en funcionamiento en nuestra región un total de 154 viviendas, distribuyéndose: 61 Viviendas en Cuenca, 35 en Ciudad Real, 34 en Guadalajara, 15 en Toledo y 9 en Albacete. Se desconoce cuántas otras se encuentran fuera de funcionamiento.

Resulta llamativo el alto porcentaje comparativo en la provincia de Cuenca; un posible reflejo de la despoblación y envejecimiento de la provincia.

A lo largo de los años he asistido a diferentes debates en los que se planteaba la misma duda: había existido realmente una distribución estratégica respecto a la ubicación de este recurso favoreciendo un acceso equitativo al mismo desde los diferentes municipios de la región? o se había tratado solo de una carrera en la que “el que primero que lo pida se lo queda”? .

Realmente se había estudiado la situación demográfica del entorno para valorar la ubicación? Se favorecía su creación en aquellos municipios donde existiera un mayor porcentaje de personas que superasen los 60 años de edad, o se apostaba por ubicarlos en municipios con mayor sangría poblacional intentando así frenarla y favorecer el retorno?.

Independientemente de esto, valoro la apuesta por este recurso, el cual ha dado la oportunidad a cientos de personas durante todos estos años de permanecer en su propio pueblo o en el vecino, mucho más tiempo del que hubiera podido ser de no haber existido.

Aquellos que se vieron forzados por el éxodo rural y que durante años ni siquiera tuvieron una casa a la que regresar, han podido vivir hasta sus últimos días en el entorno que les vió nacer. Hemos prevenido e intervenido sobre cientos de situaciones de soledad no deseada, y retrasado la situación de dependencia sobrevenida de tantos otros.

Alternativa de convivencia para mayores

Las Viviendas de Mayores consisten en pequeñas casas comunitarias en la que conviven hasta 20 personas, en habitaciones individuales y dobles, siendo más común aquellas viviendas de 10 residentes.

Vivienda de Mayores de Valdeolivas (Cuenca)

Compartiendo espacios comúnes como son el Salón, el comedor, los patios y los jardines; se busca que las y los residentes convivan en un ambiente familiar y cercano.

La filosofía con la que nacieron y que a día de hoy se mantiene, es que las Viviendas sean un recurso abierto e integrado en la comunidad. Para ello se favorece la participación de las y los residentes en las actividades y recursos del mismo municipio, limitando la realización de actividades propias dentro de la propia vivienda.

Se trata de Viviendas adaptadas y accesibles, atendidas por auxiliares acreditadas que cubren la atención respecto a la alimentación, lavandería, limpieza y apoyo puntual en el aseo; pero que acompañan y supervisan según las necesidades a cada residente durante todo el día.

A diferencia del resto de centros residenciales, en las Viviendas de Mayores el personal de apoyo no permanece en el recurso. Ante situaciones de emergencia, contaran con la atención del Servicio Público de Teleasistencia que a su vez contactará con las trabajadoras de la Vivienda.

Que la Vivienda sea un “recurso abierto”, significa que es como vivir en tu propia casa. Existen unos horarios orientados favorecer la convivencia, pero el resto del tiempo, el residente actuará como lo haría si siguiera en su propia casa. Podrá salir a comprar, a estar con sus vecinos, al médico, a hacer gestiones, a visitar a familiares, realizar actividades, etc.

Algunas viviendas cuentan incluso con huertos cultivados por los propios residentes.

Las Viviendas se encuentran apoyadas por un equipo externo psicosocial que interviene ante situaciones de conflicto tanto con residentes como en el equipo de auxiliares.

Y a su vez, se encuentran apoyadas desde Servicios Sociales de Atención Primaria, siendo el/la Trabajador/a Social quien apoya técnicamente tanto a la entidad municipal, como a auxiliares y residentes.

Aún tratándose de un recurso especializado de mayores, se presta un apoyo extenso desde Servicios Sociales de Atención Primaria para favorecer la integración comunitaria del recurso y sus residentes; orientando y acompañando a los mismos desde el inicio de la solicitud hasta la salida final del recurso; coordinando los diferentes recursos del municipio para favorecer una atención integral, prestando un apoyo a las auxiliares ante conflictos dentro de la Vivienda; apoyando a nivel social y familiar a las y los residentes contribuyendo a su permanencia en el entorno, la cobertura de sus necesidades sociales, la prevención de situaciones de dependencia e intervención sobre las mismas, el mantenimiento de las redes informales de apoyo y en el cumplimiento de los proyectos vitales de los residentes.

Una nueva oportunidad para las Viviendas de Mayores

En los últimos años, las Viviendas se encuentran de capa caída.

“Las personas quieren estar en su casa mientras están bien, y cuando ya tienen necesidades de apoyo no pueden acceder a la Vivienda”.

Pero la pandemia ha venido a demostrar el valor de este recurso para personas mayores.

El impacto de la pandemia en ellas ha sido mínimo. En general, las Viviendas se han encontrado aisladas del virus, sus residentes han podido continuar conviviendo y al disponer en su mayoría de espacios abiertos, han reducido los sentimientos de confinamiento; estando en todo momento acompañados.

Se han llevado a cabo actividades, y dentro de las posibilidades, no se han modificados las costumbres y rutinas de las y los residentes.

A lo largo de los últimos meses, me he encontrado con muchas personas que habían permanecido solas en su vivienda. Con mucho miedo e incertidumbre. Sin poder ver a sus familiares. Aislados. Nadie con quien hablar. Viendo pasar los días y con miedo a salir a comprar sin poder evitarlo.

No existen estos sentimientos ni recuerdos entre las y los residentes de las Viviendas de Mayores. Ellos han permanecido en un recurso seguro y a pesar del miedo y el confinamiento, han estado acompañados en todo momento.

Y una prueba de ello, es el fuerte impacto en cuanto a deterioro cognitivo que estamos detectando entre las personas mayores que han continuado residiendo solas en sus viviendas particulares durante los meses de confinamiento, algo que no sucede entre las y los residentes de Viviendas de Mayores.

Por ello, es el momento de realizar una revisión técnica de este recurso social.

Son años demostrando que se trata de un buen recurso en el que prestar una atención integral centrada en la persona, favoreciendo la permanencia en el entorno de las personas mayores, a la vez que se combate la despoblación; con una inversión nuy por debajo de lo que suponen los grandes centros residenciales o las políticas de incentivos contra la despoblación.

Cada Vivienda de Mayores genera mínimo tres empleos directos, pero a su vez genera movimiento económico en la zona favoreciendo por tanto la creación de tantos otros empleos indirectos (como tiendas de alimentación, de suministros básicos, hostelería y empleos dirigidos a la atención personal como peluquerías y podólogos).

Si bien, es preciso revisar el modelo actual de financiación buscando nuevas alternativas que faciliten la viabilidad del recurso, independientemente de la ocupación .

Es necesario dar a conocer de forma extensa este recurso alternativo de convivencia que tan bien funciona contra la soledad no deseada; mejorar la formación de las auxiliares y ampliar el apoyo de personal especializado.

En los pueblos ya tenemos un recurso de atención integral centrado en la persona, integrado en el entorno comunitario donde se trabaja contra la soledad no deseada y la pérdida de autonomía personal. Un recurso que genera empleo en la zona rural, mayoritariamente femenino. Un recurso que evita el desarraigo y la despoblación.

Si quieres saber más sobre cómo acceder a las Viviendas de Mayores y dónde se ubican puedes encontrar más información pinchando este enlace.

Trabajo Social

LA VACUNA PA`CUANDO?

Freepik

Para los integrantes del gremio, bien es conocido que el 26 de Marzo de 2020 Servicios Sociales eran reconocidos servicios esenciales dentro del Estado de Alarma declarado tan solo unos días antes.

Profesionales y entidades representativas del Trabajo Social nos sentimos bien orgullosos de que por fin se nos valorase “esenciales”; aunque también surgieron los debates entre las propias profesionales sobre si se necesitaba dicha titulitis ministerial o debía ser un título reconocido por la propia ciudadanía y ganado con sudor y lágrimas.

Independientemente al debate; el reconocimiento supuso que allí estuviéramos las y los profesionales de Servicios Sociales en primera línea de fuego. Si bien, es cierto que no habíamos dejado de estarlo. Algunos entraron más en la batalla y otros quedaron en la retaguardia. Pero lo que nadie puede poner en duda, es que aquí se hizo todo lo posible por ayudar y acompañar a todas las personas que de la noche a la mañana pasaron a ser totalmente vulnerables o se aproximaron al borde del abismo.

Compañeras y compañeros que atendieron (y atendimos) todo tipo de situaciones. Que llegaron incluso a multiplicar panes y peces. Y que, en muchos casos, se encontraron desarmadas ante el abismo.

Aquí hubo miedo, falta de instrucciones, sobreinformación, soledad, pánico, risas, llantos, desesperación, lejía, carreras de una lado a otro, solidaridad y mucho, mucho compañerismo.

Hablo en primera persona. Pero también en segunda y tercera. Sin excepción; intentamos dar lo mejor de nosotras mismas. En ocasiones teletrabajando sin horario de salida, con los niños alrededor demandando su propia atención, con mucho estrés, ansiedad y preocupación; y gestionando nuestras propias crisis junto a las de cientos de familias con las que contactabamos y veíamos a diario.

No voy a remitirme a los artículos en los que ya se ha hablado de la sobrecarga emocional y laboral entre trabajadoras sociales y profesionales del Sistema de Servicios Sociales.

Tan solo trasladar al papel, el resonar pegadizo de una cancioncilla que lleva en mi cabeza varios días: “la vacuna pa`cuando?!”.

Porque en las últimas semanas no dejo de escuchar estrategias de vacunación, sectores profesionales esenciales que se incluyen en las estrategias, discusiones sobre quién es de primera o segunda línea; veo fotos en redes sociales con pulgar para arriba y vacuna en brazo… y los Servicios Sociales (esenciales) en Castilla-La Mancha aquí seguimos; sin fecha probable de vacunación.

Seguimos protegiéndonos (para proteger) y metiéndonos en domicilios. Los centros sociales abiertos, atendiendo todo tipo de situaciones, intentando resolver cuestiones que ya nadie sabe resolver, gestionando incluso la ansiedad de auxiliares de ayuda a domicilio que ni saben cuándo van a ser vacunadas… Como para preguntar por nuestras propias vacunas…

En Diciembre de 2020 en Castilla-La Mancha se entregaban los Premios a la Iniciativa Social en la región. Servicios Sociales y Auxiliares del Servicio de Ayuda a Domicilio eramos reconocidas en dichos premios.

Un acto muy bonito. Un reconocimiento merecido.

Han pasado los meses y nadie habla de nosotras. Nadie se acuerda de que seguimos aquí, atendiendo a los excluidos de los excluidos. A las personas más vulnerables. Que seguimos siendo esenciales.

Que sin esas auxiliares de ayuda a domicilio que todos los días se meten en los domicilios de las personas en situación de dependencia; muchas de ellas y ellos no continuarían residiendo en sus domicilios. Que si estas profesionales no hubieran continuado trabajando desde el primer día en primera línea; no podemos ni imaginarnos qué hubiera sido de estas personas.

Pero aquí sigo hoy, al pie del cañón junto a mis compañeras de servicios sociales y las auxiliares de ayuda a domicilio que trabajan en mis pueblos…

Y cuando alguna de ellas me pregunta sobre el tema, solo me sale una respuesta sonora y pegadiza: “la vacuna pa’cuando?”

covid19, servicios sociales, Trabajo Social

2020

Lo mejor de 2020: los peques y su comportamiento ejemplar

Son muchas vueltas las que he dado para decidir el título de esta última entrada del año, y al final, creo que ha sido un año tan relevante que no puede más que titularse como tal.

A puertas del tan ansiado 2021, es hora de hacer balance del que sin duda será un año que dificilmente olvidaremos; para bien y para mal.

Recuerdo el final de 1999. Todas las noticias nos hablaban del temido “efecto 2000”. Todos hablabamos de ello, y reconozco que sentí una pequeña decepción cuando no fue, sino otro cambio de año más.

No me malinterpreten, quería decir en cuanto a ciberataques y a fin del mundo se refiere.

La llegada de los 2000 no trajo el gran apagón, sino todo lo contrario, se daba inicio a la era de las nuevas tecnologías y la eclosión de las redes sociales como nueva forma de comunicarnos y relacionarnos. Si bien, echando la vista atrás a estos veinte años, parece que no ha sido hasta los últimos meses cuando de forma definitiva hemos implantado en nuestro adn las nuevas formas de comunicación y trabajo.

Pensar en Enero de 2020 es como recordar un tiempo pasado que guardas en tu memoria pero que sientes que pertenece a otra vida.

La mente es muy traicionera, y está preparada para recordarnos los momentos negativos por encima de los positivos. Piensen en ello cuando hagan su propio resumen del 2020. No ha sido un año tan terriblemente horrible; es su cerebro que le traiciona… (Es ironía)

Mi esfuerzo por recordar el mes de Enero, me lleva a una rotonda.

Camino del trabajo. Tomando una rotonda, fue la primera vez que escuché hablar de Wuhan. En la radio hablaban del cierre de un mercado, un virus nuevo y el cierre de una ciudad en China. China? No parecía una noticia más. No recordaba algo similar…

En Castilla-La Mancha, los profesionales de Servicios sociales habíamos acabado 2019 denunciando la escasez de ayudas económicas para paliar las situaciones de mayor vulnerabilidad social en la región a la que nos veníamos enfrentando desde Septiembre de ese año.

La falta de presupuesto para las Ayudas de Emergencia Social e Ingreso Mínimo de Solidaridad en la región, comenzaba a generar una crisis social entre los más vulnerables; algo que evidenciaría a principios de Febrero Pilhip Alston, el Relator Especial de la ONU sobre la pobreza extrema y los derechos humanos; el cual llegó a señalar: “España le está fallando por completo a buena parte de su sociedad, aquella que vive en la pobreza, cuya situación ahora se encuentra entre las peores de la Unión Europea.” 

Pero entonces las noticias se centraban en el nuevo Gobierno, en los abrazos entre Presidente y Vicepresidente y en el cambio social que podría producirse.

En la profesión, se levantó la voz cuando este nuevo Gobierno progresista eliminó la Secretaría de Estado de Servicios Sociales y nos preguntábamos por qué si existía un compromiso firmado por PSOE y Unidas Podemos por la Defensa del Sistema Público de Servicios Sociales como IV Pilar del Estado de Bienestar, se invisibilizaba y ni se nombraba como tal en este nuevo Gobierno. (Tal y como lo reflejaba el Consejo General del Trabajo Social).

Febrero avanzaba entre noticias a nivel internacional del avance del nuevo virus y los debates y noticias en España sobre la inconsistente preocupación por lo que parecía una “nueva gripe”.

Febrero es el mes de mi cumpleaños, y este año decidía celebrarlo con mi abuela, ya que a sus 95 años era consciente de que no tendría muchas más oportunidades de compartirlo con ella.

Puedo asegurar que fué una de mis mejores decisiones del 2020. Aquel día pude abrazarla por última vez con plena consciencia y libertad.

Iniciabamos el mes de Febrero con el informe del Relator de la ONU que desencadenaba nuevos comunicados desde la Plataforma de Profesionales de Servicios Sociales y del Colegio de Trabajo Social de Castilla-La Mancha denunciando de nuevo la situación de vulnerabilidad de la ciudadanía castellano-manchega ante la escasez de recursos de protección social no solo en ayudas economicas sino en recursos sociales de atención a la ciudadanía más vulnerable.

La gran Ola

Y mientras estábamos inmersos en la organización del Día de La Mujer y la celebración anual del Día Mundial del Trabajo Social; el nuevo virus llegaba a nuestro país.

Una servidora iniciaba el mes entre búsqueda de mascarillas a escodindas de familiares compañeros y amigos que seguían insistiendo en el sinsentido de la paranoia.

Mientras mirábamos de reojo a Italia; en España continuabamos negando la gravedad de los hechos. Y la primera ola nos arrasó…

El 3 de Marzo se notificaba oficialmente el primer muerto por coronavirus en nuestro país, aunque el fallecimiento se había producido el 27 de Febrero. El 12 de Marzo se notificaría la primera fallecida en Castilla-La Mancha.

La mañana del 13 de Marzo yo no podía parar de llorar. De repente me ví en mi despacho hablando con todas las auxiliares de ayuda a domicilio, alcaldes y secretarios, intentando dar respuesta a preguntas que nunca creímos que nos formularíamos.

La tarde del 14 de Marzo la vida se paró. Sería la primera de muchas comparecencias del Presidente del Gobierno, anunciando el inicio del Estado de Alarma y la situación de confinamiento para toda la población.

Siempre he reconocido que, aunque estuve trabajando sin parar desde el 13 de Marzo, esos tres primeros días me encontraba en situación de shock. No paraba de llorar a escondidas, y no podia evitar pensar que la vida nos había cambiado para siempre.

Tardé tres días en reaccionar.

Sobre esos meses y la pandemia muchas cosas se pueden contar, algunas ya las hemos contado. Otras historias las guardaremos para siempre.

Semanas muy duras, con falta de material para las auxiliares de ayuda a domicilio; a las cuales no tendré vida para agradecer el gran trabajo que hicieron toda la pandemia, pero especialmente esas primeras semanas.

Alcaldes y ciudadanos volcados en la desinfección de sus pueblos. Toda la población volcada en la solidaridad con los más vulnerables.

En Servicios Sociales nos centramos en atender primeras necesidades. Como ya he dicho anteriormente, las ayudas de emergencia social para cubrir necesidades básicas no tenían presupuesto, por lo que nos vimos abocadas a tirar del tercer sector para cubrir la alimentación de cientos de familias que se quedaron de la noche a la mañana sin nada.

Un protocolo tras otro, decretos, medidas y petición de documentos de información, se mezclaban con las peticiones de ayuda de cientos de familias y las llamadas a personas mayores y dependientes que habían quedado aisladas y que estaban totalmente aterrorizadas.

Volver a casa y ducharte antes de abrazar a tus hijos. Las trabajadoras sociales también lo hacíamos…

Continuabamos al pie del cañón acudiendo a casas a intentar ayudar en todo tipo de cuestiones. Había miedo, mucho miedo. Solo recuerdo el miedo y las calles vacias. El terror nocturno a que sonara el teléfono en cualquier momento…

Pero recuerdo también las cosquillas, la guerra de almohadas, los dibujos infantiles; a mi marido haciendo pan y a mis hijos detrás de mí para abrazarme.

La vida nos regaló un tiempo único. Nosotros fuimos afortunados. Y aprovechamos la oportunidad de disfrutar el tiempo juntos.

Como dice Rozalen en su canción “Aves Enjauladas“, yo sí recordé que en “este remanso, también se ve la vida pasar” y quise atrapar el tiempo y aferrarme a la vida… y entonces me dí cuenta de algo que había parecido olvidar: somos vulnerables. Siempre lo fuimos; pero ahora ya nunca podríamos olvidarlo.

La pandemia nos ha arrebatado a la generación que construyó este país y esta sociedad que nosotros hemos disfrutado. Hombres y mujeres que vivieron una Guerra y una postguerra, sufrieron una dictadura y conocieron entre miedo y esperanza una joven democracia. Pero se han ido en silencio y en la mayoría de los casos, solas y solos.

En medio de la pandemia, uno de los abuelos que visitaba me decía “Nosotros ya hemos vivido mucho. Que nos vayamos nosotros, pero que a vosotros jóvenes no os toque”… A las pocas semanas murió.

En la profesión también hemos tenido que decir adiós a compañeras y compañeros.

Al igual que los años nos traerán respuestas sobre la enfermedad; la pandemia también nos ha puesto a prueba a las trabajadoras sociales obligándonos a reiventar nuestras formas de intervención social. Con reticencias, hemos tenido que adaptar nuestra profesión a la teleatención y el teletrabajo. Luchar porque se imponga la distancia física, pero nunca la distancia social…

Es inevitable tener ganas de llorar cada vez que miro a los ojos a una persona mayor, pero no puedo ni tan siquiera cogerla de la mano para calmar el miedo en sus ojos.

Está siendo un año dificil, pero no quiero escribir una entrada en negativo y llena de tristeza. Hay que reconocer también las lecciones positivas y los grandes momentos que hemos vivido en este 2020.

Para recargar fuerzas y reconocer el esfuerzo de la profesión durante los primeros meses de pandemia, el Consejo General del Trabajo Social organizó por todo lo alto via online un acto de reconocimiento a trabajadores sociales. He de reconocer y agradecerlo. A esas alturas, estábamos agotadas y muy tocadas.

Han sido numerosos reconocimientos que el Trabajo Social ha tenido en los últimos meses. Y a nadie le amarga un dulce. Pero hemos de aplaudir sin duda el reconocimiento como profesión esencial en el BOE en Marzo y la modificación de la Ley 44/2003 (LOPS), que incluía al Trabajo Social Sanitario.

La aprobación del Ingreso Mínimo Vital tendría que ser un hito en positivo dentro de este terrible año. Si bien, meses después de su aprobación sigue generando más desesperanza y desesperación que otra cosa. Miles de familias continúan a la espera de resolución, otras tantas han visto como se les denegaba sin encontrar explicación. Servicios Sociales saturados mientras que oficinas de la Seguridad Social continúan sin dar respuesta ni atender.

La solución parece simple. Hace falta dinero. No podemos permitir más “colas del hambre”. No podemos continuar fomentando el modelo de Caridad a través de los bancos de alimentos y servicios sociales desdotados, sin herramientas, ni prestaciones ni personal suficiente.

La vacuna social contra el covid se llama: inversión pública.

Debate abierto en la profesión. Insisto en mi opinión. Las profesionales del Trabajo Social tenemos mucho que reflexionar sobre nuestra forma de trabajar… Pero mientras que aquí no se invierta más dinero, poco podemos cambiar. Somos nosotras mismas las que volcamos nuestras frustraciones sobre nuestra intervención. Pero mientras hacemos eso; se continúa eludiendo la responsabilidad de los poderes públicos de dotar de forma suficiente y adecuada los sistemas de protección para que se pueda atender la crisis social y evitar las bolsas de desigualdad.

Diciembre…

En los pueblos seguimos mirando de reojo al virus. Lo dije ya en Marzo. Si entra el Covid aquí, cerramos pueblos para siempre. Hemos perdido muchas vecinas y vecinos. Si bien, el 2020 también nos ha traído el teletrabajo como segunda oportunidad para el entorno rural.

Reconocer el trabajo de los ayuntamientos por reinventarse ante la pandemia abriendo espacios de coworking en pueblos de menos de 200 habitantes. Esa es la visión de futuro que necesitamos por aquí.

Acabamos el año con más de 50.000 personas fallecidas, familias con graves dificultades sociales y economicas, una ola pandémica que ha colpasado no solo el sistema sanitario, sino también el sistema de protección social.

Acabamos el año con esperanza, la vacuna está aquí. Tenemos esperanza en que esta puerta evite que sigamos perdiendo más vecinos por el camino.

Queda pandemia para rato, lo sé. Quedan meses complicados. Sin suficientes recursos, muchas necesidades, mucho miedo… pero queda vida y salud para seguir trabajando y salir de esta. Porque saldremos. Y en nuestra mano está no volver a abandonar en el olvido a aquellas y aquellos que se quedaron a medio camino.

Trabajar contra la desmemoria será uno de los grandes retos del próximo año.

Ha sido un año duro, muy duro. Pero ha sido un año donde aprendimos que somos vulnerables.

El año que las trabajadoras sociales aprendimos a multiplicar los panes y los peces, y que aprendimos el verdadero significado de trabajar en equipo y en Red. El año que la solidaridad mostró su mejor rostro y todas en general aprendimos a iniciar las conversaciones con un “hola, qué tal estás, la familia bien? “.

Aprendimos que cada día es un regalo. Y que la verdadera riqueza es la libertad.

También que los grandes momentos son los cafés en torno a una mesa rodeados de amigos y familiares. Las risas sin prisa. Los besos…

Este 2020 nos ha hecho valorar lo importante que son los abrazos, y la habilidad de saber sonreír con los ojos.

No olvidemos la lección. Somos vulnerables. Todas y todos.

Que el 2021 nos traiga esperanza, solidaridad, salud, igualdad y justicia social.

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Y los pueblos están abarrotaos de veraneantes

Lo de la España vaciada en tiempos de coronavirus resulta más que curioso.

Territorios en los que apenas el virus hizo acto de presencia en su primera ola (difícil se lo pusimos cuando teníamos pueblos en los que apenas nos quedaban cuatro abuelos); se ven ahora abarrotaos de veraneantes que llegan de todas partes de España buscando un entorno tranquilo y rural donde al menos poder mojarse los pies en un río.

La difícil situación económica, el miedo a confinamientos en hoteles, las propias restricciones en playas y la incertidumbre ante la situación de las mismas, ha ocasionado que un gran número de familias se lancen a las vacaciones de interior.

Si es normal por aquí ver cómo en el mes de Agosto los pueblos se repueblan llegando incluso a doblar la población habitual; este año la Covid 19 nos ha traído cientos de visitantes que pensaron que aquí podrían veranear con tranquilidad e incluso uir de algunas de las restricciones que les perseguían en las grandes ciudades.

Mientras que ediles y paisanos mostraban su desconfianza y temor porque los recién llegados trajeran algo más que maletas; con esperanza veían llegar coches los hosteleros y comerciantes de nuestros municipios. Quizás pudieran revertir la tendencia de los últimos años en los que se había vuelto a perder la costumbre de hacer turisteo en el pueblo, o incluso la de mandar a los chiquillos de vacaciones con los abuelos.

Semanas después, no sabría decir si el balance es tan positivo.

Si no fuera porque no tiene maldita gracia el tema; podría resultar hasta cómica la noticia aparecida en los últimos días entre los medios nacionales y regionales.

“El pueblo de España en el que hay más casos de Covid19 que habitantes”.

Y así de triste es la noticia y la realidad de nuestros pueblos.

Quizás quienes pensaron en venir no tuvieron en cuenta que aquí hay municipios que estamos a punto de cerrar por escasez de paisanos. Un brote y echamos el candado.

Y mira que yo soy la tipica que se pasa el mes de julio preguntando: “qué? Cómo vamos? Mucho movimiento? “.

Porque la vida en el pueblo en verano es más vida. Mis abuelitos reviven. Por unos meses se olvidan de todos sus males y de su soledad. Se centran en llenar la casa de comidas para sus hijos y nietas, y más de una parece que rejuveneciera.

Necesitamos que se mueva el comercio y la hostelería. Aquí los inviernos son muy duros.

Y por todo ello, merece la pena sufrir a los veraneantes. Sus interminables demandas. Sus tiempos. Sus preocupaciones… Son sus vacaciones y la trabajadora social y la secretaria del Ayuntamiento les tienen que resolver las cuestiones de las que no tienen tiempo de ocuparse el resto del año.

Sufrimos a los veraneantes andantes por carreteras y caminos.

“Chica!, por qué vas a 80 por una carretera de 90?. Acaso no ves que está medio Madrid de paseo mañanero. “

“No me fastidies; que han venido al pueblo a descansar y hacer ejercicio. Y tú como una loca por la carretera pitando para que se mantengan en el arcén.”

Pero todo eso… Merece la pena soportarlo porque el pueblo reviva. Las abuelas aguanten un poco más en casa y los chiquillos puedan disfrutar de una infancia como sólo se vive en el pueblo.

Pero este año es diferente. A pesar de la necesidad económica y las dificultades sociales que están surgiendo; preferiría que se hubieran ido a la playa.

No tiene mucho sentido. Playas vacías y pueblos hasta la bandera. Los Ayuntamientos han actuado con responsabilidad anulando sus fiestas patronales y cerrando las piscinas municipales, por miedo a los brotes. En los servicios municipales hemos continuado trabajando con toda precaución tal y como se ha de hacer si te encuentras en medio de una pandemia.

Pero es salir de la puerta del centro y pensar que algo no cuadra. Bares, terrazas, calles, tiendas, ríos, los bancos de la plaza… Todo está lleno. Los veraneantes colapsan el pueblo hayá donde vayas.

Diré que en algunos municipios se ven los coches pero no se les ve fuera de casa. En otros simplemente da miedo. Mucha gente siguiendo las medidas de precaución, pero muchos otros pasando olímpicamente de todo. A veces tengo la impresión que hay quien piensa que aquí seguimos poniéndonos la boina a rosca, porque actúan como si en el pueblo no hubiera normas. Y ahora deben de creer también que tenemos un escudo transparente contra las pandemias… Dan ganas de cerrar el chiringuito e irte a la playa. No debe quedar nadie por allí.

Así que acabamos agosto con brotes en nuestros pueblos. Insisto que la diferencia es que hablamos de pueblos que en ocasiones no superan los 50 habitantes.

Acabamos Agosto con pueblos confinados. Con la sombra de un Septiembre en el que puedan volver a sonar las campanas de la iglesia una, dos, tres veces… Quién habrá muerto ahora?

Porque aquí sí ponemos nombre a cada caso, a cada muerte. Aquí seguimos en mitad de una pandemia, aunque para algunos este haya sido un verano más.