Trabajo Social

Trabajo Social en esencia

Ya está en marcha el próximo Congreso Estatal e Iberoamericano de Trabajo Social que por primera vez en su historia se celebrará en Castilla-La Mancha, concretamente en Ciudad Real, en Mayo de 2022.

“Trabajo Social en esencia. Cambiar para avanzar, crear para crecer”.

Tanto el lema como el cartel son por sí sólos una declaración de intenciones. A lo largo de la historia del Trabajo Social en nuestro país, los Congresos no sólo han sido un punto de encuentro, sino que han supuesto también un punto de inflexión al crear espacios para reflexionar, debatir y avanzar en nuestra profesión.

Un Congreso después de una pandemia es una apuesta arriesgada, pero sin duda una gran oportunidad para revisarnos, reubicarnos, recomponernos y continuar poniendo en valor nuestra profesión, ofreciéndonos incluso lugares comunes desde los que continuar avanzando.

Pero un Congreso presencial sin duda es la gran oportunidad para reencontrarnos.

Dos complicados años en los que, como dice Vetusta Morla en su canción Los días raros: “el futuro se vistió con el traje nuevo del emperador”.

Después del miedo, la incertidumbre, la sobrecarga, la escasez de medios para dar respuestas a las nuevas necesidades sociales que la pandemia ha generado; sentir que la vida continúa abriéndose camino y tener la oportunidad de reencontrarte y, por qué no, abrazar a quienes se han visto desbordados igual que tú, a quienes sienten está profesión como tú la sientes, a quienes a pesar de las dificultades, el agotamiento y la sobrecarga, los miedos y las incertidumbres, cada día, (al igual que tú), siguen levantándose con la ilusión y la esperanza de transformar realidades, de crear esperanzas, de trabajar por una sociedad más igualitaria, más justa, más solidaria y más sostenible; me parecen ya por sí solas suficientes razones de peso para no perdérselo.

Desde que el Primer Congreso se celebrara en Barcelona en 1968, nunca antes se había celebrado en Castilla-La Mancha, mi región.

El Congreso girará en torno a tres conceptos claves para nuestra profesión: la ética y la deontología como pilar en la intervención; el trabajo social como motor de cambio en la generación de entornos sostenibles y libres de desigualdad, y la importancia de generar conocimiento desde la práctica profesional.

El Trabajo Social rural tendrá también su espacio dentro del Congreso.

Trabajo Social rural predominantemente en una región como Castilla-La Mancha. Será el momento de ponerlo en valor y reconocerlo como oportunidad para regresar al Trabajo Social más comunitario desde el que generar entornos sociales acogedores y revertir un modelo de sociedad obsoleto e insostenible.

Pero me quiero centrar en uno de los ejes principales del Congreso: “generar conocimiento desde la práctica profesional“.

Este eje pone el foco de la profesión directamente en tí y en mí, en todas y todos nosotros. En cómo transformamos realidades desde el mejor laboratorio que pueda existir: la calle.

Por propia experiencia, sé que no es fácil sentarse y escribir. La escasez de tiempo, la falta de costumbre, los miedos y las inseguridades hacen que se quiebren las ganas de hablar sobre cómo tú haces Trabajo Social. Sobre cómo validas en la propia realidad, cada técnica, cada modelo, cada herramienta social.

Las trabajadoras sociales transformamos realidades. En ocasiones con auténtica valentía y escasos recursos tangibles.

Somos las científicas de la realidad social. Y sin embargo nuestros mejores conocimientos, nuestras mejores prácticas qué bien podrían aportar teoría y conocimiento al resto de la profesión; se pierden porque no se escriben.

Tú que me lees, a veces no te identificas con esos libros e investigaciones de profesionales que, aun teniendo un gran currículum y sabiendo de muchas cosas, te preguntas cuánto han pisado la calle. Cuándo fue la última vez que agarraron una mano para acompañarla en su cruda realidad. Cuántas veces se han visto sobrepasados ante realidades personales y sociales, llegando a llorar de rabia e impotencia, respirando y volviéndose a poner en pie para continuar luchando por cambiarlas.

El mejor laboratorio es la calle, el fango, la realidad actual.

Por eso tienes hasta el 15 de octubre para mandar tus comunicaciones, tus buenas prácticas, tus relatos, tu visión sobre qué es el Trabajo Social, cómo lo hacemos, cómo lo podemos hacer, los retos, las dificultades y los dilemas a los que nos enfrentamos en el día a día.

El Congreso es para tí. El Congreso es para nosotras. No solo para que vayas a escuchar a grandes profesionales con amplia experiencia y conocimientos. El Congreso también es para que tú me cuentes qué haces que te funciona tan bien y que podría ayudar a tanta otra gente a transformar realidades.

Y el Congreso no sólo son las grandes ponencias. Tan bien son las conversaciones de pasillo, en los cafés y en las cervezas.

Cuando recuerdo el Congreso, me veo a mí misma con las orejas y los ojos abiertos de par en par. Cada conversación, cada compañera y compañero con quién hablabas… De todas aprendías algo. La cabeza echaba humo; no paraba de generar dudas, de generar ideas, de generar más ganas de Trabajo Social.

Sinceramente, cuando recuerdo el Congreso, me pregunto por qué no habrá uno todos los años. Qué manera de oxigenarte!

Por eso quería animarte a participar. No te lo puedes perder. Ahora no. Ahora lo necesitas. Necesitas volver a la esencia. A recordar por qué elegiste este camino de rosas y espinas.

Aprovecha la inscripción anticipada, que se acaba el 15 de Noviembre de 2021, para que te salga más económico. Puedes hacerla directamente aquí en la web del Congreso: Web del XIV Congreso Estatal y II Iberoamericano 2022

Muchas cosas más podría contaros para animaros a participar y que no os lo perdáis; pero recordé que tenía escrito un post en mi antiguo blog Cuidando al trabajador social en el que podía transmitiros qué supone asistir a este Congreso.

Entonces acababa de terminar el XIII Congreso Estatal y I Iberoamericano que se celebró en Mérida y ya entonces me arrepentí de haberme perdido los anteriores.

Os transcribo aquí lo que escribí entonces. Nada mejor para entender de lo que estoy hablando que leer estas líneas recién acabado el Congreso anterior y con las emociones a flor de piel.

“Asistir al XIII Congreso Estatal y I Iberoamericano de Trabajo Social, es sin duda una de las experiencias más enriquecedoras que haya podido vivir durante mi vida profesional.
Tres intensos días en los que hemos conocido interesantes experiencias y proyectos de intervención social traidos de todas partes del país e iberoamérica, y donde durante horas y horas hemos hablado sin parar de Trabajo Social surgiendo interesantes ideas y sinergias profesionales que sin duda marcarán nuestros caminos presentes y futuros.
Si bien, y tras pelearme con mi cuaderno de notas e ideas, he decidido que yo no voy a hacer un post teórico sobre el Congreso.
Convencida de que el Consejo editará un interesante libro donde podreis consultar las principales ponencias y comunicaciones donde se desarrollen los proyectos de las y los compañeras y compañeros que durante estos días hemos tenido la suerte de conocer de primera mano; no seré yo quien os quite el placer de descubrirlos y generar vuestra propia reflexión sobre los mismos.
Será también interesante la visión que de los mismos puedan dar otras compañeras y compañeros a través de redes y blogs; por lo que os animo a daros una vuelta por la BlogoTSfera donde podeis encontrar incluso crónicas diarias del Congreso. (https://www.cgtrabajosocial.es/blogotsfera)

Dos días después de la clausura, una vez se ha regresado a casa y la maleta está practicamente deshecha; los recuerdos y sensaciones sobre el Congreso se agolpan en la cabeza, y es buen momento para sentarse y reflexionar sobre todo lo que estos encuentros pueden aportarnos como profesionales.
Vaya por delante mi reconocimiento y agradecimiento al Consejo General y al Colegio de Trabajadores Sociales de Badajoz por el magnífico trabajo realizado, reconociendo de una manera especial la labor de las y los voluntarios, que han aguantado con total entereza y ánimo las interminables jornadas y algún que otro enfado desafortunado.
Valorando el esfuerzo e interés de todas y todos los compañeros que se han tomado el trabajo de realizar una comunicación y valientemente presentarla durante el congreso; me gustaría abrir el debate sobre la extensión del programa de comunicaciones que hemos tenido durante el congreso. Un programa extenso que, si bien daba la oportunidad de conocer tantos y tantos proyectos y experiencias, se convertía en una aténtica pesadilla a la hora de elegir la comunicación a la que asistir, pues entiendo que, debido al elevado número de comunicaciones, se optó por agruparlas por áreas de interés y presentarlas en diferentes aulas y auditorios con diversas capacidades de aforo. Esto ha originado que coincidieran en tiempo comunicaciones que podían resultarte de interés pero que se ubicaban en aulas diferentes y no siempre cercanas en el espacio; y que aulas con menor aforo acogieran las comunicaciones que despertaban mayor interés entre los asistentes por lo que se sobrepasaba el aforo, y si no andabas espabilada te quedabas fuera.
Resultaba curioso ver a los y las congresistas corriendo de un lado a otro del Palacio de Congresos de Mérida intentando llegar a una y otra comunicación. Y de ahí que reconozca la infinita paciencia de voluntarios y voluntarias que han tenido que aguantarnos a los que no comprendíamos que después de realizar el esfuerzo de afrontar la distancia, el tiempo y el coste, nos quedaramos fuera por “falta de aforo”.
Como aportación constructiva, quizás resulte interesante reflexionar para el próximo congreso si es más conveniente optar por un programa de comunicaciones más limitado pero más accesible aumentando a su vez los tiempos de exposición, permitiendo así a los ponentes desarrollar de una manera más efectiva su comunicación.

Si bien, independientemente de estas aportaciones, destacar la maravillosa ponencia de Teresa Matus, la cual brindó una brillante y concisa exposición de ideas que llevó a levantar al auditorio tras insistir en la necesidad de continuar innovando en el Trabajo Social, pero reconociendo los puntos ciegos, convirtiéndonos en “la caja negra” de la intervención; avanzando hacia el futuro pero sin olvidar de dónde venimos.


Asimismo, agradecer la participación e interés sobre el taller en el que participé junto a los compañeros de la BlogoTSfera del Consejo General del Trabajo Social. A pesar de mis resistencias y mi pánico escénico, me alegra haber participado en este taller y así, no solo desvirtualizarme a mí misma hacia los lectores presentes, sino a su vez desvirtualizar a los y las compis de tan selecto grupo.
Mucho se ha hablado en este congreso de la aplicación de las TIC al Trabajo Social, por lo que me enorgullece poder formar parte de un proyecto en el que a través de las TIC, contribuimos a la visibilización y la difusión del Trabajo Social.

Ahora mismo creo que me podría pasar post y post hablando sobre todas las aportaciones teóricas que me llevo; las ganas de aplicar mucho de lo aprendido en mi lugar de trabajo; todo lo que aún me queda por leer y leer sobre las recomendaciones de compañeras; investigaciones que quisiera iniciar motivada por algunas comunicaciones; y la de proyectos de emprendimento social que se me han ocurrido durante estos días…
Quizás, finalmente me decida a hablaros de todo ello.
Si bien, en este post me gustaría insistir en lo positivo que resulta asistir a los congresos profesionales. Poder contar con este tipo de espacios donde respirar durante tantas y tantas horas el amor por nuestra profesión. Motivarte, empoderarte, cargarte las pilas y sentir que, sin duda, las y los Trabajadores Sociales estamos hechos de una pasta especial.
Sentir que no estamos solos, que hay miles de personas que, como nosotros, cree en otro tipo de sociedad; cree en la lucha política por la igualdad; en una democracia soberana donde el PIB se mida según el índice de felicidad y compromiso ético de su ciudadanía; donde seamos capaces de trabajar interconectados e interrelacionados; donde el Trabajo Social se convierta en el motor del cambio hacia sociedades donde impere la justicia social y sus ciudadanos sean ciudadanos libres; una sociedad sin fronteras.
Ser capaces de, como Cristian Felber, ponernos boca abajo y del revés; dejar de mirarnos el ombligo (como decía Fantova), y ver que existen muchas maneras de ser Trabajador Social y de ejercitar el Trabajo Social. Habrá muchos otros post sobre el emprendimiento en Trabajo Social y sobre los y las valientes que están trabajando tan duro por crear su “marca personal” y demostrar que no hay una sola forma de hacer Trabajo Social.
Una de las mejores experiencias que me llevo del Congreso, es haber sido capaz de abrir mi mente a nuevas formas de ejercer la profesión. Después de tantos años en la administración pública trabajando en servicios sociales de atención primaria; me alegra haber conocido a tantos emprendedores del Trabajo Social, y haber comprendido que es importante también generar y contribuir a la construcción de empresas que generen un impacto social.
Porque ya lo señalaba Teresa Matus en la ponencia inagural del Congreso: “Nadie va a confiar en nuestra capacidad para transformar el mundo, si no somos capaces de transformarnos a nosotros mismos”.

Por tanto, del XIII Congreso Estatal y I Iberoamericano de Trabajo Social me llevo los cristales de colores para poder ser capaz de mirar la realidad, el presente y el futuro, con los diferentes cristales, desde diferentes ángulos, pudiendo así transformarme, y contribuir de forma real y creativa a una nueva construcción social.”

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Servicio de Ayuda a Domicilio

“Cuando el hombre le abrió la puerta de aquella vieja vivienda, el fuerte olor que se desprendía se dió de bruces contra su cara y, en un acto casi instintivo, dió un paso para atrás.
Pensó entonces en otros tiempos, que ahora se antojaban lejanos, y en aquellas visitas a domicilio en las que no llevaba mascarilla. Recordó por un instante  cómo los olores invadían su pituitaria y se llegaban a alojar en su bulbo olfatorio durante horas, permitiéndole tener su particular registro olfativo de personas atendidas a lo largo de sus años de trabajadora social.

Tras las orientaciones previas que le habían llegado sobre el caso, la situación sanitaria actual en ese municipio y las primeras impresiones en las entrevistas mantenidas en el despacho; en el mismo momento en que se abrió esa puerta se sintió orgullosa de si misma por haber tenido la suficiente anticipación para colocarse una mascarilla ffp2 cubierta por una mascarilla quirúrgica; lo cual, sin duda, aminoró el impacto olfativo.
Y aunque su instinto más primitivo de huida hubiera aflorado ante los fuertes olores que fluían de aquella vivienda; como un resorte, su propio cuerpo reaccionó oponiéndose a ello al tiempo que se esforzaba por dibujar una sonrisa a través de sus ojos acompañando aquel “buenos días, tal y como acordamos, vengo a conocer su casa para tramitarle el Servicio de Ayuda a Domicilio del que estuvimos hablando el último día. Puedo pasar?”.

Tan solo seis semanas después de la puesta en marcha del servicio de ayuda a domicilio, el cambio era realmente sorprendente.
La auxiliar había logrado eliminar el hedor de la vivienda.
Había conseguido desalojar la basura de botellas vacías, cartones y restos de comida  que se acumulaba en la despensa. La antigua cocina de butano, había recuperado su antiguo blanquecino color.
Ya no se te pegaban los pies al caminar por la casa, y los azulejos comenzaban a recuperar el color que algún día debieron tener.
También habían pintado las paredes de la planta inferior; eliminando así los restos en algunas de ellas de lo que me había reconocido eran salpicaduras de vómitos, sumados a los posos negros del humo de la estufa.
Tan sólo quedaba una habitación por desalojar, en la que se amontonaban un montón de ropas sobre un viejo camastro.
La higiene personal había mejorado notablemente, motivo que sin duda influía en aquel arrugado rostro que ahora la miraba devolviéndole la sonrisa de agradecimiento profundo.


En Castilla-La Mancha, según la Ley 14/2010, de 16 de Diciembre, de Servicios Sociales, el Servicio de Ayuda a Domicilio tiene por objeto atender las situaciones de dependencia ya sean laborales, económicas, educativas, sanitarias, personales y sociales, que dificulten que la persona o unidad familiar pueda desenvolverse con autonomía en su domicilio y entorno habitual, favoreciendo las condiciones necesarias que hagan posible la permanencia en su medio habitual de convivencia en condiciones adecuadas.

Para ello se proporcionará en el domicilio tanto atención personal, como a las necesidades de la vivienda, así como orientación para proporcionar estrategias que permitan a la persona y a la unidad familiar adquirir un mayor nivel de autonomía completando siempre la labor de la unidad familiar.

Después de tantos años de trabajo, puedo decir que el Servicio de Ayuda a Domicilio transforma realidades.

No todos los casos sobre los que se interviene son tan complicados como el relato con el que abro esta entrada.

En ocasiones el poder intervenir de forma preventiva, previene mayores deterioros y situaciones de higiene y limpieza tan desbordadas; e incluso situaciones de desprotección de menores.

Pero quién haya trabajado en Servicios Sociales de Atención Primaria, ha tenido que intervenir en al menos un caso como el que expongo arriba.

“Servicios de alto impacto” los bauticé yo.

Cuando ves trabajar a una Auxiliar de Ayuda a Domicilio en uno de estos servicios, es cuando realmente valoras el papel que juegan estas grandes profesionales en el ámbito social. Una labor a veces silenciosa, no siempre (por no decir nunca) reconocida, mal pagada, con condiciones (en ocasiones) precarias de trabajo, y un fuerte impacto a nivel emocional y físico.

A menudo me pregunto cuántas de nosotras y nosotros, valdríamos para ponernos los guantes y untar de crema de arriba a abajo a un señor de casi cien años, en puro pellejo, totalmente encamado; con absoluta paciencia, dedicación y empatía.

Cuántas y cuántos aguantaríamos toda la jornada laboral corriendo de una casa a otra, sin apenas tener tiempo de respirar: “sube escaleras, limpia el suelo, ahora dale a los azulejos que parece que salpicó ayer mientras meaba, baja la basura, baña a dos personas en situación de dependencia, vísteme, recoge el baño y pon la lavadora, baja escaleras, corriendo que llegas tarde a la farmacia a recoger medicinas, mejor me pasó ya por la carnicería, otro servicio con aseo personal, limpia el polvo, plancha, sube escaleras, que te vas cinco minutos antes, corre hacia la otra punta del pueblo al siguiente usuario, si ayer llegaste cinco minutos después, limpia el baño, haz la cama, prepara la comida, avisa al médico, hoy toca coordinación con la trabajadora social, revisa la medicación, paseo y acompañamiento, corre que llegas tarde otra vez, recuérdale que mañana tiene médico, cambia sábanas, limpia baño, haz la cama…”

Y aún me dejo otras 50 tareas más que pueden llegar a hacer en 8 horas laborables. Siempre corriendo, siempre dándolo todo.

Si alguien se merece un verdadero reconocimiento por su labor, su esfuerzo diario, su gran empatía y su capacidad de trabajo y adaptación; son las Auxiliares del Servicio de Ayuda a Domicilio.

En estos 15 años de experiencia como Trabajadora Social en Servicios Sociales de Atención Primaria en el entorno rural de Castilla-La Mancha; si he de sentirme afortunada por algo, es por haber tenido la oportunidad de trabajar al lado de grandes profesionales en la atención domiciliaria.

He de decir que yo a algunas les convalidaría unas cuantas carreras universitarias. A veces siento que bien podrían ser médicas, enfermeras, trabajadoras sociales, psicólogas, mediadoras familiares, o incluso atletas profesionales. Dudo mucho que sean conscientes de la cantidad de capacidades y aptitudes que tienen.

Así que desde mi punto de vista; las auxiliares del servicio de ayuda a domicilio se encuentran infravaloradas a nivel laboral y social y, por supuesto, perciben un salario muy por debajo del valor añadido que ofrecen con su trabajo.

Hay auxiliares que cuando las ves en plena faena, sientes que estás viendo una obra de arte.

Durante el confinamiento, fueron unas auténticas heroínas: “si sólo me ven a mí”, me decían.

Recuerdo las mañana más duras, cuando les mandaba un mensaje a todas ellas de buenos días y les recordaba que ellas eran el único nexo de unión entre el mundo exterior y las personas que estábamos atendiendo. “Os toca tranquilizarles y darles esperanzas”, les decía.

Recordamos al personal sanitario combatiendo el virus enfundados en bolsas de basura; pero las auxiliares tampoco tenían material los primeros días. Y aún así, siguieron atendiendo con la misma dedicación.

Si ya las admiraba antes; tras el Covid se ganaron mi devoción. Y realmente me entristece cuando hay familias que no ven todo lo que el servicio de ayuda a domicilio y la profesional del mismo, hacen y aportan a su familiar.

Son las que consiguen que las personas continúen viviendo en su entorno a pesar de la pérdida de autonomía. Las que les ofrecen una verdadera calidad de vida en la última etapa de su proyecto vital. Incluso son las que cogen sus manos en el último adiós.

De lo que más disfruto a día de hoy es de las supervisiones de apoyo que realizo con ellas.

Hace años que desde el equipo se decidió mantener reuniones de coordinación en las que se ofreciera una supervisión de apoyo con la auxiliar enfocada más a trabajar el impacto emocional, las dificultades que encontraban en el servicio, el refuerzo de sus potencialidades y la descarga emocional.

En el trabajo diario fluye de forma espontánea y en ocasiones no estructurada.

Se trata de facilitar un espacio en el que la profesional pueda expresar los sentimientos que le provocan las dificultades que encuentra en el servicio. Descargar y analizar sus emociones. Reflexionar sobre su propia intervención. Trabajar el duelo tras el fallecimiento de las personas atendidas.

Con el Covid se intensificaron este tipo de espacios. También he de decir que los he adaptado. Evito que sean en el despacho. Nunca en las viviendas. Siempre en un entorno de confidencialidad y comodidad.

Tener un espacio con ellas tras el fallecimiento de una o uno de los usuarios es básico. Nos ayuda a despedirnos de la persona en calma. Valorando todo lo positivo que se ha trabajado en el caso y analizando de cara a nuevas situaciones.

Se trata de aprender juntas, aunque reconozco que siempre me enseñan más ellas a mí.

Hay muchas cosas que aún se deben mejorar en el Servicio de Ayuda a Domicilio regional, pero mi interés aquí es visibilizar el gran trabajo que realizan sus profesionales.

Reclamar una regulación donde se adapten las características del servicio al territorio. Se equiparen condiciones laborales y se mejore la financiación para facilitar la cobertura de profesionales en aquellos municipios aislados y con poca población en los que las auxiliares tienen que venir desde otros pueblos cercanos; así como asegurando las sustituciones en períodos vacacionales.

Una mayor financiación pública aseguraría un Servicio de Calidad, que dé respuesta inmediata a las situaciones sociales que precisan dicha intervención, favoreciendo la permanencia en el entorno, fijando población y generando empleo estable en zonas despobladas.

He de decir que en Castilla-La Mancha y concretamente en la zona rural; la gran labor realizada por sus profesionales y la labor de difusión y universalización alcanzada gracias también al trabajo de los equipos de servicios sociales, ha conseguido que la población valore este como un servicio básico e imprescindible.

Si bien, aún queda mucho trabajo por hacer para conseguir que el servicio continúe siendo público, ágil, adecuado y accesible a todos los municipios y personas de la región.

Es responsabilidad tanto de las administraciones públicas como de las y los profesionales del trabajo social, continuar trabajando por ofrecer un servicio de calidad y universal desde el que poder revertir situaciones complejas a nivel social en el domicilio de la propia persona asegurando  su permanencia en el entorno y previniendo la institucionalización en centros residenciales de personas que, gracias a este tipo de servicios de proximidad, pueden continuar residiendo en su propio domicilio.

Trabajo Social

Viviendas de Mayores, una alternativa residencial contra la soledad no deseada y la permanencia en el entorno.

Vivienda de Mayores de Valdeolivas (Cuenca)

Un poco de historia

Con la descentralización de los Servicios Sociales en nuestro país y la recién estrenada Ley 13/86 de Servicios Sociales de Castilla-La Mancha; el Gobierno regional apostó por un modelo de recurso residencial para mayores alternativo a las residencias.

Las Viviendas de Mayores (las cuales en un inicio se mal denominaron “Viviendas Tuteladas”) nacieron con el ánimo de ofrecer un alojamiento alternativo de convivencia en el propio entorno, para aquellas personas mayores de 60 años que; sin tener necesidad de apoyo extenso y con capacidad de autocuidado, precisaran de un alojamiento alternativo debido a las condiciones inadecuadas de su propia vivienda y/o la existencia de barreras en las mismas, así como la necesidad de acompañamiento a través de la convivencia con personas en situación similar a la suya.

La idea de contar con una casa en el pueblo donde poder alojar a aquellas personas que comenzaban a tener dificultades para vivir solas pero que no se encontraban aún en situación de dependencia, así como aquellas otras que simplemente no querían continuar viviendo en soledad, evitando así el desarraigo que se produce ante el traslado a centros residenciales o alternativas familiares fuera del entorno; atrajo a centenares de alcaldes de toda la región.

Y las viviendas comenzaron a salir como las setas…

En los 90, se convirtió en la promesa electoral estrella; especialmente en aquellos entornos despoblados y envejecidos con pocas posibilidades de retorno.

La prueba de ello es que en la actualidad, se encuentran en funcionamiento en nuestra región un total de 154 viviendas, distribuyéndose: 61 Viviendas en Cuenca, 35 en Ciudad Real, 34 en Guadalajara, 15 en Toledo y 9 en Albacete. Se desconoce cuántas otras se encuentran fuera de funcionamiento.

Resulta llamativo el alto porcentaje comparativo en la provincia de Cuenca; un posible reflejo de la despoblación y envejecimiento de la provincia.

A lo largo de los años he asistido a diferentes debates en los que se planteaba la misma duda: había existido realmente una distribución estratégica respecto a la ubicación de este recurso favoreciendo un acceso equitativo al mismo desde los diferentes municipios de la región? o se había tratado solo de una carrera en la que “el que primero que lo pida se lo queda”? .

Realmente se había estudiado la situación demográfica del entorno para valorar la ubicación? Se favorecía su creación en aquellos municipios donde existiera un mayor porcentaje de personas que superasen los 60 años de edad, o se apostaba por ubicarlos en municipios con mayor sangría poblacional intentando así frenarla y favorecer el retorno?.

Independientemente de esto, valoro la apuesta por este recurso, el cual ha dado la oportunidad a cientos de personas durante todos estos años de permanecer en su propio pueblo o en el vecino, mucho más tiempo del que hubiera podido ser de no haber existido.

Aquellos que se vieron forzados por el éxodo rural y que durante años ni siquiera tuvieron una casa a la que regresar, han podido vivir hasta sus últimos días en el entorno que les vió nacer. Hemos prevenido e intervenido sobre cientos de situaciones de soledad no deseada, y retrasado la situación de dependencia sobrevenida de tantos otros.

Alternativa de convivencia para mayores

Las Viviendas de Mayores consisten en pequeñas casas comunitarias en la que conviven hasta 20 personas, en habitaciones individuales y dobles, siendo más común aquellas viviendas de 10 residentes.

Vivienda de Mayores de Valdeolivas (Cuenca)

Compartiendo espacios comúnes como son el Salón, el comedor, los patios y los jardines; se busca que las y los residentes convivan en un ambiente familiar y cercano.

La filosofía con la que nacieron y que a día de hoy se mantiene, es que las Viviendas sean un recurso abierto e integrado en la comunidad. Para ello se favorece la participación de las y los residentes en las actividades y recursos del mismo municipio, limitando la realización de actividades propias dentro de la propia vivienda.

Se trata de Viviendas adaptadas y accesibles, atendidas por auxiliares acreditadas que cubren la atención respecto a la alimentación, lavandería, limpieza y apoyo puntual en el aseo; pero que acompañan y supervisan según las necesidades a cada residente durante todo el día.

A diferencia del resto de centros residenciales, en las Viviendas de Mayores el personal de apoyo no permanece en el recurso. Ante situaciones de emergencia, contaran con la atención del Servicio Público de Teleasistencia que a su vez contactará con las trabajadoras de la Vivienda.

Que la Vivienda sea un “recurso abierto”, significa que es como vivir en tu propia casa. Existen unos horarios orientados favorecer la convivencia, pero el resto del tiempo, el residente actuará como lo haría si siguiera en su propia casa. Podrá salir a comprar, a estar con sus vecinos, al médico, a hacer gestiones, a visitar a familiares, realizar actividades, etc.

Algunas viviendas cuentan incluso con huertos cultivados por los propios residentes.

Las Viviendas se encuentran apoyadas por un equipo externo psicosocial que interviene ante situaciones de conflicto tanto con residentes como en el equipo de auxiliares.

Y a su vez, se encuentran apoyadas desde Servicios Sociales de Atención Primaria, siendo el/la Trabajador/a Social quien apoya técnicamente tanto a la entidad municipal, como a auxiliares y residentes.

Aún tratándose de un recurso especializado de mayores, se presta un apoyo extenso desde Servicios Sociales de Atención Primaria para favorecer la integración comunitaria del recurso y sus residentes; orientando y acompañando a los mismos desde el inicio de la solicitud hasta la salida final del recurso; coordinando los diferentes recursos del municipio para favorecer una atención integral, prestando un apoyo a las auxiliares ante conflictos dentro de la Vivienda; apoyando a nivel social y familiar a las y los residentes contribuyendo a su permanencia en el entorno, la cobertura de sus necesidades sociales, la prevención de situaciones de dependencia e intervención sobre las mismas, el mantenimiento de las redes informales de apoyo y en el cumplimiento de los proyectos vitales de los residentes.

Una nueva oportunidad para las Viviendas de Mayores

En los últimos años, las Viviendas se encuentran de capa caída.

“Las personas quieren estar en su casa mientras están bien, y cuando ya tienen necesidades de apoyo no pueden acceder a la Vivienda”.

Pero la pandemia ha venido a demostrar el valor de este recurso para personas mayores.

El impacto de la pandemia en ellas ha sido mínimo. En general, las Viviendas se han encontrado aisladas del virus, sus residentes han podido continuar conviviendo y al disponer en su mayoría de espacios abiertos, han reducido los sentimientos de confinamiento; estando en todo momento acompañados.

Se han llevado a cabo actividades, y dentro de las posibilidades, no se han modificados las costumbres y rutinas de las y los residentes.

A lo largo de los últimos meses, me he encontrado con muchas personas que habían permanecido solas en su vivienda. Con mucho miedo e incertidumbre. Sin poder ver a sus familiares. Aislados. Nadie con quien hablar. Viendo pasar los días y con miedo a salir a comprar sin poder evitarlo.

No existen estos sentimientos ni recuerdos entre las y los residentes de las Viviendas de Mayores. Ellos han permanecido en un recurso seguro y a pesar del miedo y el confinamiento, han estado acompañados en todo momento.

Y una prueba de ello, es el fuerte impacto en cuanto a deterioro cognitivo que estamos detectando entre las personas mayores que han continuado residiendo solas en sus viviendas particulares durante los meses de confinamiento, algo que no sucede entre las y los residentes de Viviendas de Mayores.

Por ello, es el momento de realizar una revisión técnica de este recurso social.

Son años demostrando que se trata de un buen recurso en el que prestar una atención integral centrada en la persona, favoreciendo la permanencia en el entorno de las personas mayores, a la vez que se combate la despoblación; con una inversión nuy por debajo de lo que suponen los grandes centros residenciales o las políticas de incentivos contra la despoblación.

Cada Vivienda de Mayores genera mínimo tres empleos directos, pero a su vez genera movimiento económico en la zona favoreciendo por tanto la creación de tantos otros empleos indirectos (como tiendas de alimentación, de suministros básicos, hostelería y empleos dirigidos a la atención personal como peluquerías y podólogos).

Si bien, es preciso revisar el modelo actual de financiación buscando nuevas alternativas que faciliten la viabilidad del recurso, independientemente de la ocupación .

Es necesario dar a conocer de forma extensa este recurso alternativo de convivencia que tan bien funciona contra la soledad no deseada; mejorar la formación de las auxiliares y ampliar el apoyo de personal especializado.

En los pueblos ya tenemos un recurso de atención integral centrado en la persona, integrado en el entorno comunitario donde se trabaja contra la soledad no deseada y la pérdida de autonomía personal. Un recurso que genera empleo en la zona rural, mayoritariamente femenino. Un recurso que evita el desarraigo y la despoblación.

Si quieres saber más sobre cómo acceder a las Viviendas de Mayores y dónde se ubican puedes encontrar más información pinchando este enlace.

Trabajo Social

LA VACUNA PA`CUANDO?

Freepik

Para los integrantes del gremio, bien es conocido que el 26 de Marzo de 2020 Servicios Sociales eran reconocidos servicios esenciales dentro del Estado de Alarma declarado tan solo unos días antes.

Profesionales y entidades representativas del Trabajo Social nos sentimos bien orgullosos de que por fin se nos valorase “esenciales”; aunque también surgieron los debates entre las propias profesionales sobre si se necesitaba dicha titulitis ministerial o debía ser un título reconocido por la propia ciudadanía y ganado con sudor y lágrimas.

Independientemente al debate; el reconocimiento supuso que allí estuviéramos las y los profesionales de Servicios Sociales en primera línea de fuego. Si bien, es cierto que no habíamos dejado de estarlo. Algunos entraron más en la batalla y otros quedaron en la retaguardia. Pero lo que nadie puede poner en duda, es que aquí se hizo todo lo posible por ayudar y acompañar a todas las personas que de la noche a la mañana pasaron a ser totalmente vulnerables o se aproximaron al borde del abismo.

Compañeras y compañeros que atendieron (y atendimos) todo tipo de situaciones. Que llegaron incluso a multiplicar panes y peces. Y que, en muchos casos, se encontraron desarmadas ante el abismo.

Aquí hubo miedo, falta de instrucciones, sobreinformación, soledad, pánico, risas, llantos, desesperación, lejía, carreras de una lado a otro, solidaridad y mucho, mucho compañerismo.

Hablo en primera persona. Pero también en segunda y tercera. Sin excepción; intentamos dar lo mejor de nosotras mismas. En ocasiones teletrabajando sin horario de salida, con los niños alrededor demandando su propia atención, con mucho estrés, ansiedad y preocupación; y gestionando nuestras propias crisis junto a las de cientos de familias con las que contactabamos y veíamos a diario.

No voy a remitirme a los artículos en los que ya se ha hablado de la sobrecarga emocional y laboral entre trabajadoras sociales y profesionales del Sistema de Servicios Sociales.

Tan solo trasladar al papel, el resonar pegadizo de una cancioncilla que lleva en mi cabeza varios días: “la vacuna pa`cuando?!”.

Porque en las últimas semanas no dejo de escuchar estrategias de vacunación, sectores profesionales esenciales que se incluyen en las estrategias, discusiones sobre quién es de primera o segunda línea; veo fotos en redes sociales con pulgar para arriba y vacuna en brazo… y los Servicios Sociales (esenciales) en Castilla-La Mancha aquí seguimos; sin fecha probable de vacunación.

Seguimos protegiéndonos (para proteger) y metiéndonos en domicilios. Los centros sociales abiertos, atendiendo todo tipo de situaciones, intentando resolver cuestiones que ya nadie sabe resolver, gestionando incluso la ansiedad de auxiliares de ayuda a domicilio que ni saben cuándo van a ser vacunadas… Como para preguntar por nuestras propias vacunas…

En Diciembre de 2020 en Castilla-La Mancha se entregaban los Premios a la Iniciativa Social en la región. Servicios Sociales y Auxiliares del Servicio de Ayuda a Domicilio eramos reconocidas en dichos premios.

Un acto muy bonito. Un reconocimiento merecido.

Han pasado los meses y nadie habla de nosotras. Nadie se acuerda de que seguimos aquí, atendiendo a los excluidos de los excluidos. A las personas más vulnerables. Que seguimos siendo esenciales.

Que sin esas auxiliares de ayuda a domicilio que todos los días se meten en los domicilios de las personas en situación de dependencia; muchas de ellas y ellos no continuarían residiendo en sus domicilios. Que si estas profesionales no hubieran continuado trabajando desde el primer día en primera línea; no podemos ni imaginarnos qué hubiera sido de estas personas.

Pero aquí sigo hoy, al pie del cañón junto a mis compañeras de servicios sociales y las auxiliares de ayuda a domicilio que trabajan en mis pueblos…

Y cuando alguna de ellas me pregunta sobre el tema, solo me sale una respuesta sonora y pegadiza: “la vacuna pa’cuando?”

covid19, servicios sociales, Trabajo Social

2020

Lo mejor de 2020: los peques y su comportamiento ejemplar

Son muchas vueltas las que he dado para decidir el título de esta última entrada del año, y al final, creo que ha sido un año tan relevante que no puede más que titularse como tal.

A puertas del tan ansiado 2021, es hora de hacer balance del que sin duda será un año que dificilmente olvidaremos; para bien y para mal.

Recuerdo el final de 1999. Todas las noticias nos hablaban del temido “efecto 2000”. Todos hablabamos de ello, y reconozco que sentí una pequeña decepción cuando no fue, sino otro cambio de año más.

No me malinterpreten, quería decir en cuanto a ciberataques y a fin del mundo se refiere.

La llegada de los 2000 no trajo el gran apagón, sino todo lo contrario, se daba inicio a la era de las nuevas tecnologías y la eclosión de las redes sociales como nueva forma de comunicarnos y relacionarnos. Si bien, echando la vista atrás a estos veinte años, parece que no ha sido hasta los últimos meses cuando de forma definitiva hemos implantado en nuestro adn las nuevas formas de comunicación y trabajo.

Pensar en Enero de 2020 es como recordar un tiempo pasado que guardas en tu memoria pero que sientes que pertenece a otra vida.

La mente es muy traicionera, y está preparada para recordarnos los momentos negativos por encima de los positivos. Piensen en ello cuando hagan su propio resumen del 2020. No ha sido un año tan terriblemente horrible; es su cerebro que le traiciona… (Es ironía)

Mi esfuerzo por recordar el mes de Enero, me lleva a una rotonda.

Camino del trabajo. Tomando una rotonda, fue la primera vez que escuché hablar de Wuhan. En la radio hablaban del cierre de un mercado, un virus nuevo y el cierre de una ciudad en China. China? No parecía una noticia más. No recordaba algo similar…

En Castilla-La Mancha, los profesionales de Servicios sociales habíamos acabado 2019 denunciando la escasez de ayudas económicas para paliar las situaciones de mayor vulnerabilidad social en la región a la que nos veníamos enfrentando desde Septiembre de ese año.

La falta de presupuesto para las Ayudas de Emergencia Social e Ingreso Mínimo de Solidaridad en la región, comenzaba a generar una crisis social entre los más vulnerables; algo que evidenciaría a principios de Febrero Pilhip Alston, el Relator Especial de la ONU sobre la pobreza extrema y los derechos humanos; el cual llegó a señalar: “España le está fallando por completo a buena parte de su sociedad, aquella que vive en la pobreza, cuya situación ahora se encuentra entre las peores de la Unión Europea.” 

Pero entonces las noticias se centraban en el nuevo Gobierno, en los abrazos entre Presidente y Vicepresidente y en el cambio social que podría producirse.

En la profesión, se levantó la voz cuando este nuevo Gobierno progresista eliminó la Secretaría de Estado de Servicios Sociales y nos preguntábamos por qué si existía un compromiso firmado por PSOE y Unidas Podemos por la Defensa del Sistema Público de Servicios Sociales como IV Pilar del Estado de Bienestar, se invisibilizaba y ni se nombraba como tal en este nuevo Gobierno. (Tal y como lo reflejaba el Consejo General del Trabajo Social).

Febrero avanzaba entre noticias a nivel internacional del avance del nuevo virus y los debates y noticias en España sobre la inconsistente preocupación por lo que parecía una “nueva gripe”.

Febrero es el mes de mi cumpleaños, y este año decidía celebrarlo con mi abuela, ya que a sus 95 años era consciente de que no tendría muchas más oportunidades de compartirlo con ella.

Puedo asegurar que fué una de mis mejores decisiones del 2020. Aquel día pude abrazarla por última vez con plena consciencia y libertad.

Iniciabamos el mes de Febrero con el informe del Relator de la ONU que desencadenaba nuevos comunicados desde la Plataforma de Profesionales de Servicios Sociales y del Colegio de Trabajo Social de Castilla-La Mancha denunciando de nuevo la situación de vulnerabilidad de la ciudadanía castellano-manchega ante la escasez de recursos de protección social no solo en ayudas economicas sino en recursos sociales de atención a la ciudadanía más vulnerable.

La gran Ola

Y mientras estábamos inmersos en la organización del Día de La Mujer y la celebración anual del Día Mundial del Trabajo Social; el nuevo virus llegaba a nuestro país.

Una servidora iniciaba el mes entre búsqueda de mascarillas a escodindas de familiares compañeros y amigos que seguían insistiendo en el sinsentido de la paranoia.

Mientras mirábamos de reojo a Italia; en España continuabamos negando la gravedad de los hechos. Y la primera ola nos arrasó…

El 3 de Marzo se notificaba oficialmente el primer muerto por coronavirus en nuestro país, aunque el fallecimiento se había producido el 27 de Febrero. El 12 de Marzo se notificaría la primera fallecida en Castilla-La Mancha.

La mañana del 13 de Marzo yo no podía parar de llorar. De repente me ví en mi despacho hablando con todas las auxiliares de ayuda a domicilio, alcaldes y secretarios, intentando dar respuesta a preguntas que nunca creímos que nos formularíamos.

La tarde del 14 de Marzo la vida se paró. Sería la primera de muchas comparecencias del Presidente del Gobierno, anunciando el inicio del Estado de Alarma y la situación de confinamiento para toda la población.

Siempre he reconocido que, aunque estuve trabajando sin parar desde el 13 de Marzo, esos tres primeros días me encontraba en situación de shock. No paraba de llorar a escondidas, y no podia evitar pensar que la vida nos había cambiado para siempre.

Tardé tres días en reaccionar.

Sobre esos meses y la pandemia muchas cosas se pueden contar, algunas ya las hemos contado. Otras historias las guardaremos para siempre.

Semanas muy duras, con falta de material para las auxiliares de ayuda a domicilio; a las cuales no tendré vida para agradecer el gran trabajo que hicieron toda la pandemia, pero especialmente esas primeras semanas.

Alcaldes y ciudadanos volcados en la desinfección de sus pueblos. Toda la población volcada en la solidaridad con los más vulnerables.

En Servicios Sociales nos centramos en atender primeras necesidades. Como ya he dicho anteriormente, las ayudas de emergencia social para cubrir necesidades básicas no tenían presupuesto, por lo que nos vimos abocadas a tirar del tercer sector para cubrir la alimentación de cientos de familias que se quedaron de la noche a la mañana sin nada.

Un protocolo tras otro, decretos, medidas y petición de documentos de información, se mezclaban con las peticiones de ayuda de cientos de familias y las llamadas a personas mayores y dependientes que habían quedado aisladas y que estaban totalmente aterrorizadas.

Volver a casa y ducharte antes de abrazar a tus hijos. Las trabajadoras sociales también lo hacíamos…

Continuabamos al pie del cañón acudiendo a casas a intentar ayudar en todo tipo de cuestiones. Había miedo, mucho miedo. Solo recuerdo el miedo y las calles vacias. El terror nocturno a que sonara el teléfono en cualquier momento…

Pero recuerdo también las cosquillas, la guerra de almohadas, los dibujos infantiles; a mi marido haciendo pan y a mis hijos detrás de mí para abrazarme.

La vida nos regaló un tiempo único. Nosotros fuimos afortunados. Y aprovechamos la oportunidad de disfrutar el tiempo juntos.

Como dice Rozalen en su canción “Aves Enjauladas“, yo sí recordé que en “este remanso, también se ve la vida pasar” y quise atrapar el tiempo y aferrarme a la vida… y entonces me dí cuenta de algo que había parecido olvidar: somos vulnerables. Siempre lo fuimos; pero ahora ya nunca podríamos olvidarlo.

La pandemia nos ha arrebatado a la generación que construyó este país y esta sociedad que nosotros hemos disfrutado. Hombres y mujeres que vivieron una Guerra y una postguerra, sufrieron una dictadura y conocieron entre miedo y esperanza una joven democracia. Pero se han ido en silencio y en la mayoría de los casos, solas y solos.

En medio de la pandemia, uno de los abuelos que visitaba me decía “Nosotros ya hemos vivido mucho. Que nos vayamos nosotros, pero que a vosotros jóvenes no os toque”… A las pocas semanas murió.

En la profesión también hemos tenido que decir adiós a compañeras y compañeros.

Al igual que los años nos traerán respuestas sobre la enfermedad; la pandemia también nos ha puesto a prueba a las trabajadoras sociales obligándonos a reiventar nuestras formas de intervención social. Con reticencias, hemos tenido que adaptar nuestra profesión a la teleatención y el teletrabajo. Luchar porque se imponga la distancia física, pero nunca la distancia social…

Es inevitable tener ganas de llorar cada vez que miro a los ojos a una persona mayor, pero no puedo ni tan siquiera cogerla de la mano para calmar el miedo en sus ojos.

Está siendo un año dificil, pero no quiero escribir una entrada en negativo y llena de tristeza. Hay que reconocer también las lecciones positivas y los grandes momentos que hemos vivido en este 2020.

Para recargar fuerzas y reconocer el esfuerzo de la profesión durante los primeros meses de pandemia, el Consejo General del Trabajo Social organizó por todo lo alto via online un acto de reconocimiento a trabajadores sociales. He de reconocer y agradecerlo. A esas alturas, estábamos agotadas y muy tocadas.

Han sido numerosos reconocimientos que el Trabajo Social ha tenido en los últimos meses. Y a nadie le amarga un dulce. Pero hemos de aplaudir sin duda el reconocimiento como profesión esencial en el BOE en Marzo y la modificación de la Ley 44/2003 (LOPS), que incluía al Trabajo Social Sanitario.

La aprobación del Ingreso Mínimo Vital tendría que ser un hito en positivo dentro de este terrible año. Si bien, meses después de su aprobación sigue generando más desesperanza y desesperación que otra cosa. Miles de familias continúan a la espera de resolución, otras tantas han visto como se les denegaba sin encontrar explicación. Servicios Sociales saturados mientras que oficinas de la Seguridad Social continúan sin dar respuesta ni atender.

La solución parece simple. Hace falta dinero. No podemos permitir más “colas del hambre”. No podemos continuar fomentando el modelo de Caridad a través de los bancos de alimentos y servicios sociales desdotados, sin herramientas, ni prestaciones ni personal suficiente.

La vacuna social contra el covid se llama: inversión pública.

Debate abierto en la profesión. Insisto en mi opinión. Las profesionales del Trabajo Social tenemos mucho que reflexionar sobre nuestra forma de trabajar… Pero mientras que aquí no se invierta más dinero, poco podemos cambiar. Somos nosotras mismas las que volcamos nuestras frustraciones sobre nuestra intervención. Pero mientras hacemos eso; se continúa eludiendo la responsabilidad de los poderes públicos de dotar de forma suficiente y adecuada los sistemas de protección para que se pueda atender la crisis social y evitar las bolsas de desigualdad.

Diciembre…

En los pueblos seguimos mirando de reojo al virus. Lo dije ya en Marzo. Si entra el Covid aquí, cerramos pueblos para siempre. Hemos perdido muchas vecinas y vecinos. Si bien, el 2020 también nos ha traído el teletrabajo como segunda oportunidad para el entorno rural.

Reconocer el trabajo de los ayuntamientos por reinventarse ante la pandemia abriendo espacios de coworking en pueblos de menos de 200 habitantes. Esa es la visión de futuro que necesitamos por aquí.

Acabamos el año con más de 50.000 personas fallecidas, familias con graves dificultades sociales y economicas, una ola pandémica que ha colpasado no solo el sistema sanitario, sino también el sistema de protección social.

Acabamos el año con esperanza, la vacuna está aquí. Tenemos esperanza en que esta puerta evite que sigamos perdiendo más vecinos por el camino.

Queda pandemia para rato, lo sé. Quedan meses complicados. Sin suficientes recursos, muchas necesidades, mucho miedo… pero queda vida y salud para seguir trabajando y salir de esta. Porque saldremos. Y en nuestra mano está no volver a abandonar en el olvido a aquellas y aquellos que se quedaron a medio camino.

Trabajar contra la desmemoria será uno de los grandes retos del próximo año.

Ha sido un año duro, muy duro. Pero ha sido un año donde aprendimos que somos vulnerables.

El año que las trabajadoras sociales aprendimos a multiplicar los panes y los peces, y que aprendimos el verdadero significado de trabajar en equipo y en Red. El año que la solidaridad mostró su mejor rostro y todas en general aprendimos a iniciar las conversaciones con un “hola, qué tal estás, la familia bien? “.

Aprendimos que cada día es un regalo. Y que la verdadera riqueza es la libertad.

También que los grandes momentos son los cafés en torno a una mesa rodeados de amigos y familiares. Las risas sin prisa. Los besos…

Este 2020 nos ha hecho valorar lo importante que son los abrazos, y la habilidad de saber sonreír con los ojos.

No olvidemos la lección. Somos vulnerables. Todas y todos.

Que el 2021 nos traiga esperanza, solidaridad, salud, igualdad y justicia social.