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Trabajadora Social de Pueblo frente a la Emergencia Covid 19

Fuente: Pexels

Eran los primeros días del Estado de Alarma. De esas mañanas en las que aún se mantenía el caos ante el reciente confinamiento y la nueva situación laboral que se nos planteaba a los Servicios Sociales de Atención Primaria.
Mientras hablaba con mi hermano sobre la situación actual, de repente me preguntó entre intrigado e incrédulo: “¿pero que puedes hacer tu ahora? ¿Porqué sigues trabajando, es que podéis hacer algo ante la emergencia?
Respiré. Y conté: uno, dos, tres…
Entendía su pregunta. Y su percepción sobre el concepto de intervención en emergencias.
En mi familia, bromeamos a menudo con eso de que nuestro negocio familiar es un servicio de Bomberos.
Mi padre, mis dos hermanos, mi tío, mis primos, mi marido… Todos ellos bomberos.
Incluso yo llegué a plantearme esa carrera profesional. No solo porque lo hubiera mamado desde pequeñita, sino porque me atraía la idea de romper la enorme brecha de género que existe en la profesión.
Pero mi culo pesó más que mis motivaciones…
Es admirable el esfuerzo y la capacidad que tienen todos aquellos y aquellas (que por suerte ya las hay) que preparan una oposición a Bomberos. Pocas personas saben la preparación física y teórica que que conlleva. Yo nunca tuve esa capacidad de esfuerzo.
Pero a día de hoy tengo claro que mi vocación era hacia la ayuda y la intervención en emergencias por todo lo que siempre viví en casa.

Y es aquí donde retomo mi conversación con mi querido hermanito.
Tras respirar y contar 1,2,3, me di cuenta que nunca le había explicado bien la relación entre su trabajo y el mío.
No todo nuestro trabajo está planificado, sino que nos enfrentamos a emergencias sociales individuales y familiares la mayor parte de los días.
Que una persona haya perdido su trabajo, tenga que pagar el alquiler para que no lo echen de su casa y dar de comer a sus hijas, no te parece suficiente emergencia? Buscar una vivienda a una familia desahuciada, o un recurso alternativo a una persona mayor sin familiares en situación de dependencia sobrevenida, o a una mujer maltratada…
Está claro que podemos trabajar la inserción laboral,  la capacitación profesional, trabajar las competencias personales, mediar sobre el precio de la vivienda, detectar situaciones de violencia y trabajar su prevención, así como intervenir sobre los factores que generan el aumento de situaciones de exlcusión social…
Pero resolver emergencias individuales y familiares forma parte de nuestro trabajo diario.
Por ello hay que poner en valor nuestra capacidad de respuesta rápida.
Pero en aquellos primeros días de la Emergencia por Covid19, muchas de nosotras tuvimos dudas sobre nuestra capacidad de reacción y nuestras funciones sobre la emergencia.
Mucho reflexionamos aquellos primeros días sobre la necesidad de que existiera un grupo de intervención en emergencias de profesionales del Trabajo Social incluido en el Plan Territorial de Emergencia de Castilla-La Mancha (el PLATECAM).
Tristemente es algo en lo que se lleva trabajando desde hace años desde el Colegio Oficial de Trabajo Social de CLM sin haber llegado a un acuerdo con el Gobierno regional para su puesta en funcionamiento.
Quizás esa conversación con mi hermano me ayudó a centrarme y recordarme a mí misma cual era mi papel en esta crisis.

Así que tras mi “1,2,3, respira Carolina”, le dije:
Las Trabajadoras Sociales estamos gestionando la emergencia con las familias.
Ahora nuestro trabajo se está centrando en conocer la situación en la que se encuentra cada pueblo. Estamos contactando con todas aquellas personas que conocemos y tienen servicios de apoyo para saber qué tal se encuentran, tranquilizarles, informarles sobre la situación y las medidas de protección y reducir así la ansiedad y el miedo frente a esta amenaza.
Estamos reorganizando y orientando los servicios, así como realizando supervisiones de apoyo a las trabajadoras de los mismos. Organizando y trabajando por conseguir material de autoprotección para estas trabajadoras y las de centros sociosanitarios.
Ahora toca saber cómo están las familias, qué necesidades se les presentan derivadas del confinamiento. Reducir su estrés y gestionar de forma urgente las ayudas que sean necesarias para cubrir principalmente sus necesidades básicas de alimentación.
Necesitamos coordinar con otras entidades del tercer sector todas estas intervenciones. Y comenzar a prepararnos porque pronto atenderemos a personas que van a atravesar un duelo con riesgo a cronificarse debido a las características con las que se está produciendo por el covid19.
Estamos para apoyar los grupos de voluntarios de apoyo que se están organizando de manera informal a través de las redes vecinales. Nos apoyaremos en ellos para atender a toda la población mayor que vive sola y precisa de ayuda.
Estamos incluso asegurando que las personas mayores no se queden incomunicadas. Ha habido compañeros que junto a comida y medicinas, han proporcionado teléfonos, butano, mascarillas y enseres básicos.
La crisis sanitaria no tardará en provocar una Crisis Social, y nuestro trabajo ahora es frenar y reducir el impacto de la misma.

Mi hermano, que había estado callado todo ese tiempo, titubeo antes de decir: “pues sí, parece que tenéis un papel fundamental en la intervención de la emergencia“…

Trabajo Social

¿Pero tú qué haces?

Siento decirte que no eres una auténtica trabajadora social hasta que alguien no te ha hecho esa pregunta.
Me da igual tus cuatro años de grado, o tu diplomatura en la primera Escuela de trabajo Social de España. Tu máster, tus años de especialización, tu Erasmus.
Si nunca te has enfrentado a esa pregunta… No eres una auténtica Trabajadora Social.
He de decir que en mi caso, (como en el de muchas otras) , me enfrenté a ello cuando estaba en la Facultad. Eso sí, en la variante de: “y para que sirve eso del Trabajo Social?
Por suerte, después de tantos años, creo que mi familia y amigos empiezan a comprender lo que es mi trabajo.

Eso sí, a veces me da la impresión que me visualizan yendo de pueblo en pueblo montada en mi coche oficial, visitando a las abuelillas y abuelillos para escuchar sus historias familiares y ver las fotos de todos sus nietos mientras me tomó un café y me como las rosquillas que me hicieron la tarde anterior después de avisarlas de que pasaría a visitarlas. Y de vez en cuando, parando a mitad de camino a coger unas florecillas para adornar mi despacho…
Respecto a las rosquillas, he de confesar que he disfrutado de muchos ratillos así. Es cierto que me encanta cuando las personas mayores te acogen en su casa y te enseñan sus fotos familiares. También viendo crecer a familias que han superado momentos de graves dificultades. Y no voy a mentir; trabajo en un entorno precioso.
Tengo la fortuna de poder disfrutar de los desplazamientos. Pero también sufrirlos. Porque la realidad rural está llena de carreteras en no muy buenas condiciones. Nieve y hielo durante todo el invierno. Tractores, cosechadoras y camiones comparten la carretera con la loca de la trabajadora social que siempre va corriendo de un lado para otro.

El trabajo es muy bonito y enriquecedor.
Pero en zonas rurales con una alta despoblación y dispersión geográfica, y una media de edad superior a los 70 años; la soledad y el aislamiento es la nota imperante.
Generar redes de apoyo y poner en marcha Servicios Sociales en entornos donde en ocasiones conviven menos de 20 personas, a veces es un verdadero trabajo de ingeniería social.
La apuesta por unos servicios de cercanía fue las más acertada en los inicios del Sistema Público de Servicios Sociales en Castilla-La Mancha. Pero que la financiación se iguale a territorios con mayor población, recursos comunitarios, y población en edad laboral; genera que el mantenimiento de Servicios públicos en estos territorios sea insostenible.

Los pueblos vieron cómo sus padrones de habitantes se recuperaban con la llegada de población extranjera comunitaria y de Sudamérica, principalmente, a finales de los años 90. Muchas de estas personas llegaron para suplir el papel de cuidadoras que se había visto mermado por la incorporación de la mujer al mercado laboral. Otros muchos vinieron para cubrir la necesidad de mano de obra generada por el boom de la construcción.
Con la crisis económica de 2008, hubo un repunte de población venida de Provincias limítrofes que mantenían sus orígenes en el pueblo y, afectados por los desahucios y la alta tasa de paro, pensaron que en el pueblo podrían encontrar la salida.
En los últimos años, muchas de estas familias regresaron a su lugar de origen. En los pueblos tenían la casa barata pero el mercado laboral seguía cerrado a sectores primarios y bastante limitado.
Es por eso que el escenario sobre el que se mueve una Trabajadora Social de pueblo actualmente está enmarcado en una sociedad altamente vulnerable; bien sea por edad, por falta de recursos económicos, por escasez de recursos de protección social o por la dificultad de acceso a los nuevos mercados laborales.

Y esta realidad, bajo la amenaza de una nueva crisis social y económica derivada del Covid19 y el Estado de Alarma, expone potencialmente a estos pequeños territorios; por lo que la labor de las Trabajadoras Sociales y los Equipos de Servicios Sociales se vuelve esencial y necesario como plan de choque Social frente a la llamada “nueva normalidad”.